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| Editorial

El creciente descontento con el populismo

No es una sorpresa ni casualidad que en la última encuesta de  Equipos Consultores, dada a conocer anoche por el informativo Subrayado de Canal 10 de Montevideo,  se confirmara la creciente desaprobación de la ciudadanía  para la gestión del presente gobierno nacional, encabezado por el Dr. Tabaré Vázquez. Concretamente, según ese trabajo, el 52% de los ciudadanos consultados afirmaron que  desaprueban  la gestión de este tercer gobierno nacional del Frente Amplio.  Solo  un magro 24%  señalaron que aprueban la tarea del mandatario, y un restante  23% se mostró indiferente  o  no emitió opinión alguna sobre este gobierno populista.

El análisis de esta encuesta deja en claro que  la desilusión y fastidio por  cómo se maneja la coalición de sectores de izquierda desde el gobierno cada día,  suma mayor rechazo. Es la primera vez que un gobierno del FA llega a tan alto grado de desaprobación, pero no ha sido la primera  manifestación de desaprobación.

Las críticas al presidente Vázquez, viene creciendo desde hace un año atrás, saltando en forma importante a partir de julio de este año.

La visión negativa, como es lógico, también se trasladó a la intención de voto, mostrando el  oficialismo  una persistente caída  y un crecimiento  en las  fuerzas opositoras.

Todo esto,  refleja la percepción creciente de la mayoría de la ciudadanía, de que la  situación del país se está agravando,  justo cuando estamos  entrando en el período preelectoral. Caudillos  que convoquen a multitudes  y  generen fuertes corrientes de votantes no hay.  La renovación de dirigentes, es tímida,  mínima.  Por ello, se hace  básico y primordial propuestas de equipos de   trabajo,  coherentes, con  dirigentes que muestren unidad, respeto y especial cuidado por los recursos públicos, que son generados por el aporte de  la ciudadanía. Ya no basta ni convence  que los candidatos y  dirigentes  se declaren con “una  gran vocación de servicio “que  se desmorona, cuando  consiguen acceder a  sillones de esferas de gobierno y poder.  Por ello,  es que la ciudadanía sencillamente reclama una actuación  cristalina, honesta y  realista. Asumiendo que lo populista tan difundido y esgrimido, ya no puede correr. Porque siempre  tiene elevado costo para la ciudadanía y beneficios para unos pocos. Porque  toda asistencia  a grupos minoritarios  como se alientan  alegremente,  genera un  gasto que alguien tendrá que pagar… Y esto en  definitiva es absorbido por quienes, invierten, producen,  generan  trabajo y enfrentan en contra partida un notorio y elevado “costo país”. Todo ello, tras disfrutar una década y algo más de un gran  viento de cola, que  generó gran prosperidad, pero que no se invirtió en necesarias y fundamentales obras de infraestructura,  con generación de puestos de trabajo,  hoy tan escasos.

Se prefirió gastar a mano abierta en asistencia sin retorno,  que llevó a  episodios de corrupción  con  altas figuras políticas y jerarcas implicados  y beneficiados y así enriquecidos.

Todo condimentado por el incumplimiento  de promesas, a lo que se sumó la  soberbia alentando iniciativas  que pisotearon notoriamente  normas constitucionales,  o  desconociendo plebiscitos juzgados por la ciudadanía. Todo apuntando a politizar  y adoctrinar  atentando  contra el conocimiento,  la moral y alentando cambios irracionales,  algunos de ellos  que  afectaron negativamente la cultura del trabajo y el esfuerzo,  que  son la base de todo país serio y con futuro deseable y justo para sus habitantes. A ello, se suma,  una  notoria ausencia de  autoridad,  lo que ha permitido que tanto el presidente  como su propio gobierno,  se vean cuestionados y  compartiendo cogobierno, con una institución netamente partidaria  como es  un “Plenario Nacional” que nadie votó  pero que tiene mucho poder.  Llegándose  a la hipocresía, de ignorar las sanciones de un Tribunal de  Ética Política, pomposamente designado. Todo eso, provoca este rechazo y descontento que está cosechando  con su accionar, el FA.