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| El húngaro del pincel

Los alumnos y las obras de Cziffery, la herencia del viejo maestro

Es apenas caminar unos pasos tiempo adentro en la historia de la cultura de Salto, para encontrarnos con José Cziffery, artista y docente nacido en Hungría que un día llegó a Salto por un par de meses y se quedó a vivir para siempre.

En la Estación de servicio El Palacio se encuentra un gran mural de este artista, los hay en casa particulares y en el museo de Bellas Artes. Hay un retrato de Marosa Di Giorgio en Casa Quiroga.

Y vive la semilla artística del viejo Maestro en pinceles como el Lacy Duarte, César Rodriguez Musmano, por mencionar  dos figuras vigentes. Cziffery tuvo alumnos como Aldo Peralta, Osvaldo Paz, dos grandes pintores salteños.

JOSÉ CZIFFERY

Nació en Hungría en 1902. Profesor de la Escuela de Arte de Budapest y discípulo en París de Henry Matisse, llegó a Montevideo en 1946. Al año siguiente se radicó en Salto dedicándose a orientar el Taller de Artes Plásticas de la “Asociación Horacio Quiroga”, denominado “Pedro Figari”, y que se había iniciado ese mismo año con la docencia de José Cúneo. Cziffery lo mantuvo durante veinte años y el resultado de su enseñanza es el reconocimiento que obtuvieron sus alumnos en la plástica nacional. Cziffery participó activamente en la actividad cultural de Salto y murió en Montevideo en 1962

SOBRE EL TALLER PEDRO FIGARIi

Testimonio de César Rodríguez Musmanno, que transcribimos: “Entre 1944 y 1946 estuve vinculado a Enrique Amorim por actividades culturales. Lo conocí en Salto siendo yo niño. Estaba dentro del diario vivir mío porque mi familia y la de él eran muy allegadas. Un tío mío estudió con él en Buenos Aires. Siempre veía fotos que enviaba de sus viajes a mi padre y a mis hermanos. Mis vivencias, luego, junto a él, fueron muy profundas, porque a través suyo tuve la suerte de conocer gente como Nicolás Guillén y Juan Carlos Castagnino, éste último un famoso pintor argentino sobre el cual Amorim escribió una monografía. A Castagnino lo llevó Enrique a Salto para pintar un mural en el Club Uruguay. El mural se conserva hoy en perfecto estado y su tema es muy salteño y de aquella época: las lavanderas del río. Ese mural me impactó. Entonces yo estaba por iniciar preparatorios de arquitectura. También a través de Amorim conocí a Cándido Portinari y a José Echave, luego escenógrafo de la Comedia Nacional en el Teatro Solís en los años 50. Portinari, por su parte, se fue luego a la sede de la ONU, en Nueva York, a pintar otro mural, “Guerra y paz”, y Echave se fue con él”.

.Más adelante dice: “ Así, a través del Arquitecto Herrera Mac Lean y la Comisión Nacional de Bellas Artes, por gestión que se realizara ante el Ministerio de Cultura pidiendo un maestro de taller, aparece José Cziffery, quien llegó por seis meses a Salto y se quedó por el resto de su vida.  Nosotros le llamábamos el Viejo. Era un húngaro de 40 años que en Francia había sido discípulo de Matisse viajando luego a Río de Janeiro. Con él se formó el Taller Pedro Figari, que dependía de la Asociación Horacio Quiroga y tenía a Enrique Amorim como alma mater, como agente sociocultural del medio”.

“En aquel momento el Taller Pedro Figari, con el maestro Cziffery al frente, llegó a tener veinte, veinticinco alumnos. Todos teníamos metido dentro la problemática social, la miseria y el campo en ruinas, el río Uruguay crecido como aparece en el poema de Amorim, lavanderas como las de Castagnino. Lo que grabábamos eran reflejos de la sociedad, de la vida rural, de los rancheríos. Allí nos formamos. Luego, con el tiempo, cada uno fue avanzando, buscando caminos propios en la plástica”..

TESTIMONIO DE LACY DUARTE

Lacy Duarte llegó a la ciudad de Salto, proveniente de Mataojo, del norte del departamento, hacia 1952, a la edad de quince años. El Taller Pedro Figari ya llevaba entonces más de diez años de existencia y la pujanza vital del maestro José Cziffery ya no era la misma del comienzo. “Al principio todo había sido muy efervescente pero hay cosas que decaen, hay causas que motivan y otras que desmotivan. No obstante, el movimiento cultural que había en Salto todavía era muy fermental y como dice el argentino Luis Felipe Noé en su antiestética: un artista mediocre en un ambiente efervescente puede llegar a ser bueno y a la inversa, un artista bueno en un ambiente mediocre puede quedar estancado. Yo valoro la importancia de lo colectivo, el intercambio, la solidaridad que había entre los que integrábamos el Taller. En él la corriente estética predominante fue el expresionismo, sobre todo en lo que se refiere a la incorporación de técnicas; lo temático era más libre y había figuraciones que podían tener un sentido social. José Zciffery murió poco después que Amorim. El taller decayó en una larga agonía hasta, lamentablemente, desaparecer”.

 

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