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Normalmente el discurso del cierre de la Expo Prado refleja la visión del sector primario de la economía nacional. La palabra del presidente de la Asociación Rural del Uruguay es seguida con atención por lo que implica y lo que indica. Es un espacio cuidado que marca la cancha. Realmente marca. Y en este caso también sirvió para destacar. Estuvo bien el ingeniero Capurro pues asoció el reclamo a la propuesta y la crítica a la alabanza. Pareció decir que hay cosas por hacer, que no todo está mal pero qué hace falta un cambio en algunas de las políticas agropecuarias. Y en eso vale mucho el tono, el respeto, que destacamos particularmente.

Fue un discurso cargado de valores, con un profundo recuerdo de los que han hecho por el país, pero con visión por quienes vendrán. Centrado en la educación, como la principal herramienta nacional de desarrollo económico y social; un pensamiento que ha perdurado 147 años en las bases de la Asociación Rural del Uruguay (ARU).

Gabriel Capurro hizo mucho énfasis en el tema educativo. "La educación, el conocimiento y la capacitación son bases para el ejercicio pleno de la libertad de las personas”. Ejemplificó: “No es libre quien no tiene los conocimientos básicos para acceder a un trabajo. No es libre quien depende de un plan social para darle de comer a sus hijos”.

Por tanto consideró que “el verdadero y mejor avance hacia una mayor justicia social es el acceso a una educación equitativa y de alto nivel para todos los niños y jóvenes de nuestro país”, porque “permite igualar las oportunidades en el arranque de la vida productiva de las personas y optar libremente por las diferentes opciones de trabajo que se presenten”.

Asoció un tema personal a la labor del gobierno, logrando muchos aplausos. “Una vez mi padre me pidió que hiciera algo y respondí: es muy difícil, no puedo. Entonces me sentó a conversar y me explicó la importancia de estudiar para hacer las cosas difíciles, que lo que aprendiera nadie me lo iba a quitar en la vida, la importancia de ayudar al prójimo, el predicar con el ejemplo, y muchas cosas más. Pero algo me marcó a fuego al final de la conversación: que si en la vida solo vas a hacer las cosas fáciles no vas a servir para mucho, y que las personas valiosas son las que hacen las cosas que hay que hacer aunque sean muy difíciles”.

Sobre esa cuestión y frente a una grada colmada de autoridades nacionales y productores, y el ruedo central costeado de cientos de visitantes atentos a sus palabras; Capurro reflexionó entre aplausos: “Con los gobiernos, ¿no debería ser igual? O acaso nosotros elegimos los gobiernos para que hagan las cosas que son fáciles de hacer. Los gobiernos valiosos son los que hacen las cosas difíciles que hay que hacer”.

El Presidente de la Asociación Rural del Uruguay citó una frase de James Austin, un destacado profesor de la Universidad de Harvard, que visitó el país hace más de 20 años: “Los políticos de Uruguay deberían analizar, antes que nada y cuidadosamente, cada medida que toman, proyecto o ley, para saber cómo afecta la competitividad de los sectores estratégicos de su economía”.

Haciendo hincapié en esa reflexión, Capurro argumentó que “sólo una economía competitiva atrae inversiones, genera trabajo, permite que las empresas ganen dinero y puedan pagar buenos sueldos”, sin olvidar que la inversión y el trabajo “generan crecimiento”, que a la postre “mejora la recaudación” y “puede sostener buenas políticas en funciones básicas del Estado: educación, salud, seguridad y en las políticas sociales que se quieran implementar”.

Pero siempre recordando algo, “lo primero es lo primero, la secuencia es esa; competitividad, inversiones, trabajo, crecimiento, recaudación y políticas sociales, no a la inversa”. Y agregó: “No se puede poner la carreta delante de los bueyes porque no camina. Porque cuando la carreta se frena, tarde o temprano las políticas sociales se caen. Esa ha sido la historia repetida de nuestro país y es lo que tenemos hoy: la carreta delante de los bueyes y la economía parada”.

Con lo dicho, Capurro aclaró que “las políticas sociales son de tal trascendencia que tienen que edificarse sobre bases sólidas y no en coyunturas que cuando desaparecen provocan ajustes regresivos en esas mismas políticas”.

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