La Prensa Hacemos periodismo desde 1888

Los consultorios de pediatría reciben a diario muchos padres pidiendo orientación para una problemática común: los límites.

Niños que no hacen caso, que no reconocen la autoridad de sus padres, que manipulan muy fácilmente... ¿Qué les está sucediendo a los adultos, que les cuesta tanto poner límites, al punto que afecta la vida de las parejas y transformando a sus hogares se transforman en desorden, donde abundan los reproches, reclamos, con adultos desbordados, con perdida de su control?

1) Cuando no hay límites en un hogar, falta el respeto. Lo que es una forma de violencia muy sutil, una forma muy mal entendida de la paternidad no consciente. Padres, que no valoran sus propias necesidades, sobreprotectores, que no saben priorizarse y no cuidan de si mismos, ¿Qué clase de cuidados, valoración, estima y protección podrán inculcar a sus hijos? El mensaje inconsciente termina siendo: amar incondicionalmente, hacer feliz al otro, renunciar al bienestar y felicidad.

2) Por otro lado, el límite es contención, seguridad. Brinda un marco para el sano desarrollo del niño. La inseguridad de muchos padres, se traduce en que no pueden brindar seguridad a sus hijos, en consecuencia, no pueden ponerles límites. Por eso muchos padres se sienten condicionados y limitados, por lo que la paternidad es agotadora. Porque el miedo les impide tomar decisiones, con seguridad y firmeza. El amor siempre será la ley, pero un amor consciente. Un amor que brinda seguridad y firmeza.

3) Vivimos inmersos en una sociedad llena de adultos desatentos, ansiosos, desconectados. Cuando los padres no conectan, los hijos utilizan todas las estrategias y maniobras para llamar la atención. Sucede que poner límites requiere tiempo, consciencia y energía, algo que a los adultos siempre nos falta. Pero sobre todo requiere presencia, estar presentes. Si nuestra mente divaga todo el día, ¿Qué espacio de conexión consciente podemos crear con nuestros hijos?

4) Por último, la falta de equilibrio y estabilidad emocional lleva a perder ese sano equilibrio entre la autoridad y la flexibilidad, lo cual es un arte que requiere extrema sabiduría. La autoridad sin amor es tiranía, el amor sin autoridad es complacencia con trasgresión. La paternidad exige equilibrar el ejercicio del amor con el ejercicio de la autoridad. Amor con firmeza, firmeza con flexibilidad.

Los hijos son nuestro espejo

Nuestros hijos son nuestro espejo. Nos muestran con total claridad y sabiamente, quiénes estamos siendo y cómo nos estamos relacionando con el mundo. Su conducta no hace más que expresar la manera en que los adultos respetamos los límites de los demás y hacemos respetar nuestros propios límites. Su conducta puede entonces estar reflejando nuestra propia postergación, miedos e inseguridades, nuestra falta de presencia, autoestima y autovaloración.

Todo nace sin duda de ¿Cómo nos estamos relacionando con nosotros mismos en este sentido? Algo que debe meditarse y enfrentar.-

Comentarios potenciados por CComment

Requiem Servicio Funebre
Ranking

Contenido relacionado