Análisis K
Las intendencias... fuera de madres
La intendencia de Salto la conocemos y sufrimos de cerca en carne propia. Unos y otros gobiernos se han sucedido y el panorama económico-financiero siempre con temperatura a 38 grados, esto es fiebre crónica. La de Artigas tiene más funcionarios que la de Salto, un exabrupto. La de Tacuarembó debía millones de dólares a UTE, los contadores de energía estaban a nombre de los intendentes, increíble. La de Montevideo tiene 10 mil empleados, muchísimos mas que Alcaldía de Nueva York y una deuda millonaria en dólares.
Maldonado un déficit acumulado de 140 millones de dólares y carga con 3 mil municipales. Creo que de todas las intendencias del país solo dos, la de Flores y la de San José tienen la menor cantidad de funcionarios, las cuentas más equilibradas, la gestión más eficiente de todas y lo que es verdaderamente excepcional, éxito político. A manera de ejemplo, el presupuesto de la Junta Departamental de Salto es tres veces superior al de los maragatos cuando, a diferencia de las estructuras de los ejecutivos unos más grandes que otros, los legislativos son prácticamente similares en todo el país, con 31 ediles titulares a todos los efectos, sin embargo mientras Salto invierte 30 millones anuales en sus curules, San José solo 10 y cumplen su trabajo perfectamente bien.
Comentaba en nota periodística de estos días el Dr. Carlos Albisu sobre las quejas de intendentes de su partido referidas al 40 o 50 por ciento del peso del rubro cero que tenían en sus presupuestos departamentales cuando en Salto el porcentaje trepaba escandalosamente a 86 por ciento del total. Con esa realidad ¿qué se dejaba para los otros que aún así se quejaban de las exageradas cuentas salariales sobre el total de gastos de las intendencias? Por otro lado, Luis Lacalle Pou, hablando sobre la investigada ANCAP afirmó sin empachos que era una empresa fundida y que si no fuera pública estaría pidiendo dinero a los prestamistas. Casi lo mismo podría decirse de las intendencias. No les piden a los usureros formales pero si al todo el espectro del sistema financiero nacional e internacional. Ayer fue Salto que murió en la orilla, hoy es Maldonado y Montevideo que solicitan asistencia financiera extraordinaria del BROU; mañana le seguirán Paysandú, Rio Negro, Lavalleja, entre otras y seguirán por secula seculorum, sin reventar jamás o, invariablemente, renaciendo como el ave Fénix de las cenizas de las crisis incendiarias periódicas, tirando la pelota para adelante, alargando plazos, aumentado impuestos, subiendo tarifas de servicios públicos.
Claro, aquí esta la diferencia, en efecto, en este casi no son ni empresas ni privadas sino organismos de gobierno y con autoridades electas en cada período. La racionalidad económica, o el intento economicista de manejar un organismo público como empresa privada está en las antípodas de la gestión estatal o municipal. La rentabilidad, la eficiencia en el uso de todos los recursos, el manejo económico-financiero son aspectos ajenos y en algún sentido contrarios al emprendimiento público. Además, la ratificación popular de los gobiernos cada cinco años no se logra con economistas eficientes sino con políticos gastadores; dicho de otro modo, es con menos obras y servicios que con promesas de trabajo, asistencialismo, boleto barato, subsidios y amnistías que se ganan las elecciones o se aseguran las reelecciones.
Por supuesto que un organismo de gobierno no puede ni se debe considerar como empresa de mercado porque no está en su naturaleza ni en sus cometidos solo se trata de un ejercicio de análisis comparativo de algunas variables económicas que forman parte de la ecuación. La cantidad de empleados y el peso del rubro cero en el total del presupuesto es un hecho fundamental, ninguna empresa privada se sostendría con un 86 por ciento para el pago de salarios, ni siquiera una cifra benevolente en el entorno del 50 por ciento. El déficit fiscal y el endeudamiento son otras variables críticas. Lacalle Pou afirma con razón que con mucho menos de lo que pasa en en la muy pública ANCAP cualquier empresa privada estaría re fundida y enterrada. Solo en la estatal se puede perder patrimonio en 700 millones de dolares, déficit operativo de 120 millones de dólares y endeudamiento creciente de 1.800 millones de dólares en cinco años consecutivos y seguir tan campante, con 40 grados de fiebre crónica pero todavía vivita y coleando. Las intendencias también.