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La tormenta que vino en la madrugada del 18 de julio dejó un tendal de problemas y todos lo asumimos, con el lamentable fallecimiento de una señora que se desplazaba en moto. A eso se suman destrozos en techos, fincas en la ciudad y un reguero de destrucción en el cinturón hortícola de Salto.

Algo resarcirá el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca luego del relevamiento de técnicos de la Dirección Nacional de la Granja. Muchos actores, que no conocen el tema, han hablado de asegurar fincas, invernáculos, y muchas cosas más como forma de estar protegidos y  puede ser una solución, lo que no se tiene en cuenta muchas veces es que hay una delgada línea de rentabilidad que hace que si el productor asegura no llegue con saldo positivo al final, también se da, lo han dicho, que muchas veces las empresas aseguradoras lo hacen con los invernáculos nuevos, los que deberían soportar las inclemencias de El Niño, pero no con los invernáculos más viejos que a la larga son los que menos resisten, por lo que termina siendo una ecuación compleja que hay que saber entender para luego opinar.

La vida fuera de la ciudad está llena de sacrificios y opinar se opina fácil, hay que estar allí, cada día del año, sin feriados, sin fin de año, sin 1 de mayo, cada día a sol y lluvia, y encima de sufrir calamidades escuchar a cada uno.

Las cifras de personas privadas de libertad siguen creciendo. Hay una especie de vox populi que pide que "vayan para adentro" y si algo hacen desde el Ministerio del Interior, desde Fiscalía y desde la Justicia es mandar gente "para adentro". Observemos estas cifras, que no son para nada satisfactorias pero que marcan una tendencia que hay que tener en cuenta pues parece que no alcanza con encerrar gente.

Desde la década del noventa para acá la población uruguaya apenas creció algo menos de un diez por ciento lo que es muy poco en términos demográficos, pero la población carcelaria lo hizo un 540 por ciento, o sea que si algo han hecho los organismos competentes en encerrar gente. A eso le debemos sumar que hay unas diez mil personas en todo el territorio nacional que tienen libertad a prueba, o están en sus casas y no pueden salir de noche o no acercarse a determinado lugar, o usan tobilleras. Por lo que eso, al menos, y no es satisfactorio decirlo, funciona. El tema es el otro, que esa efectividad de mandar gente a la sombra luego se traduzca en mejores niveles de seguridad que es lo que todos deseamos, y al parecer no pasa dado el reclamo de la población en todo el país.

 

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