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Las calles Purificación, Albisu, Chiazzaro, Brasil y Uruguay se ven atiborradas de autos estacionados de lunes a viernes debido a cómo se mueve todo en el entorno de la Intendencia de Salto, lo que hace a Salud Pública, el Instituto de Formación Docente "Rosa Silvestri" y empresas privadas que se han instalado en la zona. Los vecinos ya asumen que en tiempos normales es muy difícil estacionar que deben esperar a la noche o los fines de semana para estar tranquilos, es parte del "negocio" que deben enfrentar y la verdad que no parece haber solución a esto porque después viene el Río Uruguay se termina la ciudad.

Es parte de lo que nos toca vivir allí como en otras partes de la ciudad que puede ser el microcentro, parte de la Zona Este, la zona de Uruguay, Morquio, Washington Beltrán, todas las calles cerca de la Junta Departamental. Es un problema que no tiene solución y donde todos asumen espacios que hay que dar vueltas y vueltas para encontrar el famoso lugar para estacionar. Sin soluciones a la vista, claro está. Salto se complicó tanto en este tema que ya vivimos resignados sin esperanzas de cambios ante la avanzada problemática.

 

Las góndolas de los supermercados y almacenes en general están pobladas de huevos de Pascua a precios duros de pelar, pero que tendremos que afrontar para la alegría de los niños. Hay una particularidad que va desnudando nuestra fragilidad y es que todos, o casi todos, son importados de Argentina o Brasil, o sea que vamos perdiendo la capacidad de hacer estos sabrosos productos en la industria nacional.

 

Porque el precio es clave, pero acá se importan, se pierde mano de obra nacional pero no se abarata nada, simplemente parece ser una decisión empresarial. Porque pagar alrededor de quinientos pesos un huevito de chocolate, lo que equivale a doce dólares es bravísimo. Generalmente se importa por la calidad y el precio pero acá no hay ninguna de las dos, porque pueden ser buenos los importados, pero cuando había huevos uruguayos de las marcas Pernigotti, Ricard y otras no eran malos. Al contrario, abastecían sin problemas el mercado y en algunos casos se llegaba la exportación.

 

En estos momentos que la industria nacional tienen notorios problemas de subsistencia este tipo de eventos, como las Pascuas y sus productos tradicionales desnudan la fragilidad de un problema que no debería existir pero que empieza a complicarnos cada vez más. Recordemos lo que decía Bartolomé Mitre en Argentina: "sin industria no hay nación". Así que bueno, ojalá se empiece a revertir esto en algún momento.

 

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