Anotaciones Callejeras
Un compañero periodista de nuestro Vespertino, de esos que aman la ciudad, la recorren y disfrutan y sufren con sus avances o deterioros, nos comenta que en pleno centro, en la parte del empedrado de la calle Treinta y Tres entre Artigas y Uruguay, para solucionar una pérdida de agua fue sacado con delicadeza el adoquinado. Por lo que se cuidaron las piedras sacadas buscando que no se rompieran para luego volver a colocarlas lo que habla a las claras de un buen trabajo, bien orientado que respeta nuestro patrimonio, como siempre debería ser.
Los "muchachos del aerosol" siguen avanzando en sus estúpidas consignas, agarraron la Plaza Flores, emblema del Cerro y dejaron rayada hasta la caseta del guarda municipal. ¿Qué sentido tiene? Obvio, ninguno, pero ahí está la plaza con todo lo que se puede rayar, rayado, no rayan el césped porque se pierde el "mensaje". Triste ver ese deterioro ciudadano hecho por unos pocos, que dañan mucho.
Con este frío hay un avance de la venta de cazuelas y busecas por todos lados, de gente que aprovecha para hacer un peso por ejemplo para la cooperativa de viviendas, para el club del barrio, para el viaje de los muchachos que estudian en tal lugar. Y el salteño compra para ayudar y para degustar, porque nos gustan las comidas bien hechas a fuego lento, en lo posible de leña, con esas ollas enormes donde el tiempo y el fuego dejan todo muy rico. El hígado que espere un poco, qué también.
Estamos en pleno período de la declaración jurada del IRPF que deben hacer todos aquellos que tengan ingresos que superen el mínimo imponible pero también va para los que tengan más de un ingreso, por ejemplo dos trabajos, sean públicos, privados o uno de cada uno, una modalidad muy extendida. Se entiende que sean trabajos en blanco, porque si están en forma irregular no vale la pena ni poner un ejemplo.
En ese marco una profesional que trabaja en este tema dice que una señora, clienta y amiga, vivió un momento complejo cuando decidió salir de garantía de un hijo que alquilaba y puso su propiedad. Ahí saltó un embargo que pensó en un principio era un error, pero no, de la DGI por no hacer durante una década declaraciones juradas que correspondían. Le habían enviado un cedulón pero como vive en un complejo no le llegó lo que hizo que el organismo estatal siguiera adelante. Dicen que tuvo que hacer un convenio que está pagando, y es más de treinta mil pesos por mes. Salvó la propiedad pero las pasó, y las pasa. Así que mejor curarse en salud.