Cosse comienza a preparar su salvavidas…
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Por Jose Pedro Cardozo
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La política tiene un lenguaje propio. Muchas veces, lo que no se dice de manera directa se comunica con mayor fuerza entre líneas. Y eso es precisamente lo que comenzó a hacer Carolina Cosse: hablar del gobierno al que pertenece como quien empieza a tomar distancia de él. La entrevista concedida al programa Lado B, de TV Ciudad, no fue una declaración de guerra contra Yamandú Orsi. Cosse es demasiado experimentada para cometer semejante torpeza. Pero tampoco fue la intervención de una vicepresidenta cerrando filas sin fisuras detrás del presidente. Fue algo bastante más interesante: el comienzo de una diferenciación política cuidadosamente administrada.
Lo primero que hizo fue reconocer lo que buena parte del oficialismo todavía intenta disimular, relativizar o explicar mediante interminables excusas: hay un profundo descontento con el gobierno. “Es innegable”, dijo. Y agregó que “no se puede mirar para otro lado”. Nada menor. Se ubica del lado de quienes están molestos.
Ya lo había hecho cuando, ante la militancia, habló de las recorridas de “El Frente Amplio te escucha”, donde se recogieron dolores, críticas, quejas y reclamos. Su respuesta fue contundente: “Tienen razón”. ¿Quiénes tienen razón? Los que están disconformes.
Y allí comienza el problema político para Orsi. Porque Cosse no es una dirigente cualquiera opinando desde la tribuna. Es la vicepresidenta de la República, integra el mismo gobierno y ocupa uno de los lugares centrales del poder. Cuando reconoce que existen errores, falta de respuestas y lentitud, está hablando desde adentro. Pero, al mismo tiempo, empieza a colocarse afuera. Ese es el movimiento.
Cosse comparte formalmente la responsabilidad del gobierno, pero construye un discurso que la presenta como intérprete de quienes reclaman que el gobierno cambie. Es decir: pertenece al equipo, aunque comienza a hablar como quien podría venir a corregirlo. La vicepresidenta sostuvo que el Poder Ejecutivo trabaja “mucho y en serio” y que mantiene un rumbo justo. Pero inmediatamente introdujo el bisturí: el gobierno, dijo, a veces “carece del ritmo que las cosas tienen hoy”. Traducido al lenguaje político, un gobierno sin ritmo es un gobierno que llega tarde. Y en un sistema presidencialista hay una pregunta imposible de evitar: ¿quién marca el ritmo del gobierno? El presidente.
Cosse no necesitó pronunciar el nombre de Yamandú Orsi. El destinatario está implícito. Un gobierno que demora decisiones, que parece reaccionar después de que los problemas estallan, que multiplica diagnósticos pero no ofrece resultados y cuya comunicación suele ir detrás de los acontecimientos, difícilmente pueda separar esas características de quien ejerce la conducción política.
La vicepresidenta parece haber entendido algo elemental: cuando un gobierno comienza a perder apoyo, quienes tienen ambiciones de futuro empiezan a cuidar su propio capital político. Por eso la crítica es medida. No hay ruptura. No hay confrontación frontal. Todavía no. Carolina Cosse está haciendo política. Y la está haciendo mirando hacia adelante.
La jugada es evidente: si el gobierno mejora, Cosse podrá decir que acompañó y ayudó a corregir. Si el gobierno continúa deteriorándose, podrá sostener que ella advirtió los problemas y estuvo del lado de quienes exigían cambios. Una posición políticamente cómoda. Y, sobre todo, calculada.
Todavía es temprano para hablar de ruptura entre Orsi y Cosse. Pero sería ingenuo no advertir las señales. La vicepresidenta comenzó a despegarse, lentamente, sin romper el hilo, pero aflojando los nudos. Carolina Cosse, así, parece haber empezado a preparar su propio salvavidas.