La lucha en el FA por el liderazgo
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Por José Pedro Cardozo
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La política uruguaya siempre estuvo marcada por liderazgos fuertes y figuras capaces de ordenar a sus partidos detrás de una candidatura. El Frente Amplio, pese a su tradición de construcción colectiva, tampoco escapa a esa lógica. Tras la derrota de 2019 y el retiro de sus grandes referentes históricos, la coalición de izquierda logró reconstruirse alrededor de Yamandú Orsi, cuyo perfil moderado y dialoguista le permitió regresar al gobierno. Sin embargo, a poco tiempo de iniciada la administración, ya comienzan a percibirse movimientos internos vinculados a la futura sucesión presidencial.
Orsi consiguió sintetizar distintas sensibilidades del oficialismo, pero no parece proyectarse como un líder dominante capaz de ordenar la interna detrás de un heredero político. Esa ausencia de liderazgo fuerte y excluyente abrió espacio para que distintos dirigentes comiencen a posicionarse de cara al futuro.
Uno de los que más claramente ha mostrado esa intención es Alejandro “Pacha” Sánchez. Desde la Secretaría de Presidencia asumió un rol político mucho más amplio que el históricamente asociado a ese cargo. El Frente Amplio profundizó esa transformación y Sánchez busca proyectarse desde Torre Ejecutiva con agenda propia y perfil de conducción.
El impulso al programa “Más Barrio” refleja esa estrategia. Mientras Orsi evita presentar un emblema concreto de gestión, Sánchez intenta apropiarse de iniciativas visibles que le permitan diferenciarse y consolidar liderazgo dentro del oficialismo. Sus apariciones públicas, entrevistas y definiciones políticas muestran además la intención de construir vuelo propio dentro del MPP y del gobierno.
Pero la competencia interna no se limita a ese sector. La ministra de Salud, Cristina Lustemberg, aparece como otra figura con proyección. Dentro del oficialismo es vista como una dirigente capaz de generar consensos entre distintos sectores del Frente Amplio y, según diversas evaluaciones internas, figura entre las integrantes del gabinete mejor posicionadas ante la opinión pública. Su presencia mediática constante responde también a una estrategia de instalación política, aunque la gestión comienza a enfrentar dificultades que erosionan parte de esa imagen positiva.
A la vez, otros nombres siguen en carrera. Carolina Cosse mantiene un perfil alto y continúa apostando a iniciativas de fuerte exposición pública, aun cuando algunas generan resistencias incluso dentro de la propia izquierda. Blanca Rodríguez, por su parte, intenta consolidarse desde el Senado con propuestas vinculadas a temas sociales y de protección de la infancia, buscando construir una legitimidad política más allá de su popularidad mediática previa.
También aparecen las intendencias metropolitanas como plataformas de proyección nacional. La experiencia uruguaya demuestra que los gobiernos departamentales suelen transformarse en trampolines hacia candidaturas presidenciales, y allí Mario Bergara continúa siendo observado como una figura de peso dentro de los sectores moderados y técnicos del Frente Amplio.
Todo este movimiento interno ocurre en un contexto donde el gobierno enfrenta dificultades para generar entusiasmo en parte de su electorado. En filas oficialistas existe preocupación por la percepción de expectativas incumplidas y por la falta de una narrativa de gestión que movilice políticamente. Cuando un gobierno pierde capacidad de ilusionar, las disputas sucesorias suelen adelantarse.
Por eso, aunque todavía nadie lo admita abiertamente, el Frente Amplio ya comenzó la carrera hacia 2029. Distintos dirigentes buscan instalar agenda, mostrar gestión y fortalecer sus perfiles en un escenario donde el poder aparece cada vez más repartido entre Orsi, Sánchez y Jorge Díaz, en un esquema que algunos ya describen como un “triunvirato” político.
La discusión por la sucesión ya está en marcha. Y el principal desafío para el oficialismo será evitar que esa competencia interna termine debilitando al propio gobierno antes de tiempo.