El norte también existe
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Por el Dr. Pablo Ferreira Almirati
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Comienza el año. No es 1º de enero, pero los uruguayos tenemos el dicho —que es una realidad— de que el año comienza cuando llega el último ciclista de la Vuelta del Uruguay. Es una percepción que ha calado fuerte en el imaginario popular: todo puede esperar hasta después de la Semana de Turismo o Semana Santa; las urgencias se detienen a la espera de la llegada ciclística. Lo grave es que, si solo el ciudadano de a pie postergara sus iniciativas, sería un tema de decisión personal; pero es el Estado el que, en todos estos meses, no actúa y nos sumerge en una inercia que va a contramano de lo que reclaman la economía, la educación, la seguridad, la salud y así podríamos seguir.
En este período de gobierno, todo hace prever que podrán pasar todas las vueltas ciclísticas y no se dará curso a las promesas electorales. Hace un año que no pasa nada en Uruguay; no se arranca con los proyectos que, para bien o para mal, se votaron. El tema central al inicio del mandato es el presupuesto: hasta que no se vote, no se hace nada. Esto se replica en las Intendencias, con el agravante actual de que el presupuesto tampoco moviliza; se necesitan nuevos préstamos, más deudas, y, hasta no conseguir que la oposición vote nuevamente una autorización para endeudar a los ciudadanos, la inercia continúa.
El mundo está al borde de un colapso económico total. Si la guerra en Irán se prolonga, el petróleo subirá a precios exorbitantes; gran parte de nuestros clientes sufrirán el impacto y dejarán de comprar nuestra producción. El crecimiento, en ese escenario, será nulo, y los préstamos obtenidos impactarán en el contribuyente, que deberá pagarlos con más impuestos y con menos servicios.
Ante este panorama, en Montevideo pareciera ser que el tema que más les importa es si se hace un túnel de unas pocas cuadras para “mejorar el transporte metropolitano” o si se posterga la obra. Este es el tema central en la puja de poder entre las dos grandes fracciones del FA. Aparentemente, ganó la idea de Bergara y el túnel, por el momento, no se haría.
Esta obra insumiría un presupuesto inicial de casi 590 millones de dólares, que, obviamente, se incrementará como todo presupuesto de obras. Es sintomático el proceder del FA: pretenden mejorar todo el tránsito de la capital y el área metropolitana soterrando unas pocas cuadras a un costo superlativo. Quienes circulamos por Montevideo advertimos que esto no es así: el tránsito en sus principales arterias está colapsado, y esa obra no lo mejorará. La salida a la Ciudad de la Costa por la Rambla, por Avenida Italia, por Ocho de Octubre, todo es un verdadero caos; y pensar que ese túnel lo solucionaría agrede a la inteligencia de los uruguayos.
El túnel de 18 de Julio, así como otras obras realizadas por Carolina Cosse, insumieron recursos vitales para el desarrollo del país. Si sumamos el túnel más Antel Arena, estaremos en una cifra que ronda los ochocientos millones de dólares: algo exorbitante para dos proyectos absolutamente prescindibles. Pero, claro está, son prescindibles, pero lucen; son el sello de estas administraciones que pagamos todos, mientras los problemas acucian.
No hay plata para cárceles de alta seguridad, no hay plata para más tecnología; de los hospitales nadie habla. El problema, claro está, es el túnel: si o el túnel no.
Con esta visión metropolitana, lo que sí se va a soterrar es al norte del país: al país productivo, al país del trabajador rural, al país que necesita mejores rutas de acceso, más seguridad, más educación, mejor salud para todos los uruguayos.
Cuando un país decide enterrar sus prioridades, lo primero que desaparece no es el problema… es el futuro.