El visionario arquitecto Armando Inocencio Barbieri
- Por María de los Angeles Márquez, Partido Colorado
En el año 2014, se editó el libro Don Armando, La Pasión del Bien, escrito por el hijo del arquitecto Don Armando Barbieri, nuestro amigo Hugo Barbieri, arquitecto también. Tuvimos entonces el honor de dejar ese aporte cultural a Salto como primer Presidente mujer de la Junta Departamental de Salto. El libro fue de edición limitada y sin fines de lucro, estableciendo en un decreto la condición de que cada centro cultural y educativo público y privado del departamento contara con un ejemplar de manera gratuita.
De este gran visionario lo que más quisiera resaltar son sus actividades políticas, humanas y personales que hacen la parte del título "La Pasión del Bien". Las obras públicas y gestión municipal de Don Armando deben ser nombradas y recordadas para que las generaciones más jóvenes conozcan los grandes intendentes colorados que supo tener Salto.
Barbieri participó en múltiples proyectos y a muchos los realizó él mismo. Obras arquitectónicas y urbanísticas, la mayoría de estilo Art Decó. La Casa Iurato, esquina icónica de calle Uruguay y Treinta y Tres construída en 1941 con planta baja comercial y planta alta residencial. Desarrolló el paseo costero, impulsó y trabajó en toda la costanera sur, lo que es la Rambla Tomás Berreta, vinculando la ciudad con Arenitas Blancas. El Monumento a Federico García Lorca que promovió en 1952 en costanera sur, en la zona de la piedra alta. Viviendas y edificios con planos curvos en las décadas del 30 y del 40. Como gestor, impulsó la expansión de talleres en la escuela industrial de Salto. Fue fundador y primer director y docente del Liceo Nocturno, actual liceo Nº 5 que lleva su nombre. Impulsó la modernización vial del departamento pavimentando las avenidas principales y mejorando la conectividad interna de Salto.
Se dice, se cuenta, que el arquitecto Barbieri, además de tener una profunda visión urbanística, tenía una obsesión para el desarrollo técnico y la infraestructura. No entendía la gestión pública desde el escritorio. Don Armando, como Intendente, salía a recorrer las obras muy temprano y si faltaba personal o la obra venía demorada, se sumaba al trabajo físico, y si tenía que hacerlo se subía a las máquinas municipales, se ponía el overol y trabajaba a la par de los obreros. Este tipo de relatos forjó su mística como un gobernante "hacedor" y cercano a la gente, fue líder hiperactivo, apasionado, comprometido.
La impronta de Barbieri fue Batllista sin lugar a dudas, transformador, modernizador. Su visión técnica marcó la planificación y fisonomía de la ciudad hasta nuestros días.
Columna dedicada al amigo Batllista Antonio Lafuente, quien con su vehículo levantaba residuos si hacía falta para que la ciudad esté limpia mientras el gremio municipal hacía paros.