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La frase creo que es de una sátira argentina, la primera vez que la leí, fue en la desaparecida Tribuna Salteña en su página de deportes. El ácido Eduardo Cattáneo (QEPD), la usó para “rogarle” a un colega que leyera y se informara antes de hacer críticas. Hecha la aclaración y entregados los créditos a quien corresponde, la levanto como un centro hacia quienes hacen del reclamo permanente, una actitud militante contra el gobierno nacional.

Sea en redes, en medios, en el Parlamento, dónde cuadre hay voluntarios para tirarle piedras a acciones (o inacciones) del elenco gubernamental. La mayoría de las veces con equivocaciones que parecen hechas a propósito. Me molestan, por la ignorancia y mala leche, las que se levantan desde la oposición; pero lo entiendo, cuando no existen razones que fundamenten los dichos, se opta por agredir. No se construye nada, pero se supone que se destruye al adversario. Las que provienen de sectores o personas que votaron al gobierno, me causan lástima y bronca.

Se supone que militantes, referentes y hasta electos, por el Frente Amplio, tienen muy claro qué se ofreció a la población a cambio del voto: un programa claro, con prioridades precisas, desprovisto de magia, o medidas revolucionarias al estilo de las revueltas para derribar un status de opresión a la población. Exigir a Orsi y su equipo acciones similares, no es de recibo y permite decir “garrá lo libro…”; pareciera que quienes reclaman transformaciones no contempladas preelectoralmente, necesitaran más información o formación.

No me quedan dudas de que es fruto de este feroz cambio de época, algo así como una copia atenuada de visiones muy pesadas (y cargadas de odio y furia) que le están prendiendo fuego al mundo. La comparación puede parecer exagerada, pero considero que no lo es. Hace poco más de un año ¿quién hubiera pensado que aparecerían nuevos “nerones” incendiando el mundo, burlándose de las leyes internacionales, arrasando, matando y robando los bienes y tierras de otros pueblos?.

Esa realidad permea las capas sociales, sobre todo cuando hay tremendo consumo de desinformaciones alienantes. La “presión licuante” a que son sometidos los cerebros populares, impide a la gente tomar decisiones propias con elementos genuinos. Muchísimas personas creen a pie juntillas lo que algunos interesados dicen en redes y medios sin utilizar juicio crítico; para eso las clases dominantes y hegemónicas desarrollan permanentemente acción distorsionante. Pienso y lo digo una vez más: entiendo que la masa popular (objetivo de la presión dominante) tenga dificultades para entender; no lo tolero en quienes se han formado académica o políticamente, tienen capacidad de entender e incluso de sembrar razonamientos, pero no lo hacen. Son culpables de las desestabilizaciones sociales y de las frustraciones de quienes menos pueden acceder al conocimiento. Esa actitud de los referentes y militantes, preparados en la teoría o por la tarea política es peor que la acción de la derecha.

Con una vida entera vivida y entregada al cultivo del pensamiento fundamentado, me declaro confundido, pero no vencido. Existen múltiples formas de nutrir el intelecto y razonar. ¡“Garrá lo libro” (o internet)!.

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