Haberkorn, Hounie y Lust
- Por Facundo Esteche, edil Partido Colorado
La libertad de prensa existe en el Uruguay desde su concepción. No es desatinado decirlo, así se quiso desde un principio, en contraposición a muchísimas repúblicas del mundo. Uno de nuestros próceres, de nuestros padres fundadores, lo asentó por escrito en un decreto del 17 de noviembre de 1838. El Gral. Fructuoso Rivera, en su segundo gobierno, dejó claro, textual, que la libertad de opinar y publicar opiniones por la imprenta es un derecho sagrado, comparable a la libertad y seguridad personal. También que el Gobierno renunciaba expresamente a entablar acciones judiciales contra quienes dirigieran ataques a través de la prensa contra las autoridades. ¡Año 1838! Con la misma ilustración y sin nada que envidiarle a los fundadores de los Estados Unidos.
Ese decreto, muchas veces olvidado, debería ser un símbolo reconocido de nuestra historia. En cierto sentido lo es, está ahí, más allá de que le pese a quienes en el fondo son autoritarios o a quienes buscan endilgar (y reducir) al Gral. Rivera con un manto oscuro por el episodio de Salsipuedes que no fue lo que efusivamente dicen que fue.
Este fin de semana, los periodistas Leonardo Haberkorn y Juanchi Hounie realizaron el segundo programa de su nuevo periodístico dominical, “Doble Vía”. Con mucha expectativa, porque es innegable que son respetados y grandes profesionales. Su estilo recuerda, por ejemplo, a aquel programa de Aldo Silva, “Código País”.
El invitado de la entrevista central fue el Dr. Eduardo Lust. Abogado, docente, ex diputado y posible candidato (todavía no sabemos a qué) en las próximas elecciones. Lust se ha reinventado. Se marchó de Cabildo Abierto porque no comulgaba con muchos principios del partido, sobrevivió como diputado independiente hasta terminar el mandato, apoyó a la Coalición Republicana en la elección nacional y volvió para su casa. Pero entendió que tenía más para dar, y generó, con el tiempo, una comunidad de seguidores gracias a sus streamings por YouTube. Sus argumentos y su rectitud interesan a mucha gente.
La entrevista comenzó bien, un Lust normal, con sus razones, sus refranes, pero al poco tiempo las preguntas filosas comienzan. Se consulta sobre los fallos del pasado gobierno de la Coalición Republicana, sobre Orsi, pero también sobre cuestiones personales referidas a sus finanzas y deudas. Lust responde sensatamente, sin perder los estribos, cuenta su verdad. Siguen las preguntas y finaliza la entrevista, a la que él mismo califica como muy buena.
Fue eso, nada más. Periodismo puro y duro, preguntas incisivas, lógicas, diría. Pero a mucha gente le hicieron ruido las preguntas personales referidas a las deudas. En redes se comenzó a hablar de sobres, de intenciones, de casta.
Yo lo único que vi fueron periodistas haciendo su trabajo. Unos ejerciendo su libertad de prensa y el entrevistado ejerciendo su libertad de decir lo que quiera. Aquello que Jorge Batlle solía decirle a los periodistas: “usted pregúnteme todo lo que quiera que yo le contesto lo que yo quiera”. Es más, estoy seguro de que en las próximas entrevistas del ciclo se vendrán más preguntas incisivas sin importar quién se siente en esa silla.
El problema es que así como existe una crisis de representación de los políticos y de los sindicatos, también existe del periodismo. La confianza se ha quebrado y nadie cree en nadie ni en nada.
En 1838, un gobierno renunció a defenderse de la prensa en la justicia. En 2026, alcanza con una pregunta incómoda para que alguien hable de sobres.