La gata de doña Flora
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Por Ramón Fonticiella - Ex Intendente de Salto
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rfonti08@gmail.com
“Uruguay le jugó bien a Inglaterra, pero no estuvo Fulano…” “El petróleo subió 30%, Uruguay aumentó los combustibles sólo el 7%, y los vecinos mucho más; pero ahora ajustarán todos los meses…”; “existe posibilidad de una infección que obliga a aislar posibles afectados, está bien, pero no pidieron permiso para usar la sala del Hospital…”
¡Pará! Nos quejamos de todo, especialmente de lo que está bien hecho; el asunto es marcar que era mejor hacerlo de otra manera, aunque se salven vidas, se aguante los combustibles o se dé buena imagen para el Mundial. No nos sirve nada. Nos parecemos a la gata de Doña Flora…. Dicho con todo respeto por el felino.
Confieso que me estoy cansando de atribuir todas estas malas costumbres a los cambios de época. En verdad el estado general del mundo es enfrentatorio a todo; si no pregúntenle a los que pelean del otro lado del Atlántico, en Europa Central, al Sur de la Península Arábiga, junto al Golfo Pérsico o en las costas sufridas del Sur Este del Mediterráneo. Pero no es comparable la razón de nuestra irascibilidad, con los ancestrales odios del Oriente Medio, o la centenaria ambición del Tío Sam.
Miremos el celular y veremos las masacres de ciudades en Irán, Israel y Líbano, por ejemplo. Definitivamente nos quejamos de llenos. Algo así como aquél tipo que andaba tan, pero tan bien, que se compraba calzado un número menor para tener algo de qué quejarse.
La crisis inventada contra la Directora del Hospital Salto, es casi increíble. ¿Qué habría pasado si la Dra. Gabriela González no hubiera decidido utilizar el área de atención de funcionarios y familiares, y por no existir aislamiento se hubiera generado un brote infeccioso en el nosocomio? Hubieran cortado su cabeza y la habrían colocado sobre el Obelisco a Rodó.
Las responsabilidades ejecutivas a veces exigen definiciones rápidas de parte de quienes están capacitados y obligados a tomarlas. Si se hubiera tratado de un odontólogo al frente de la represa de Salto Grande, por ejemplo, podría cuestionarse su capacidad para tomar una decisión energética; pero acá se habla de una médica, experimentada, reconocida por su aplomo y sobriedad. Criticarla porque no hizo todas las reverencias que dicen que el protocolo podría exigir, está fuera de lugar. Es llorar y gritar porque sí. No pretendo ofender a los funcionarios cuyos antecesores se esforzaron por instalar mejoras en la sala en cuestión, pero si pedir cordura. No se trata de comprarse calzado más chico para tener de qué quejarse. El asunto es cuidar lo que ya se tiene, sin alertas rojas porque no hay ataque enemigo, todo es para cumplir la función de mejorar la calidad de vida de todos, sin quitar garantías a quienes ya la disfrutan.
Confieso que entiendo, aunque no la comparto, la posición irascible de algunos funcionarios. No tolero, me repugna la actitud contestaría vacía de quien aprovechan el murmullo para proferir gritos políticos y razones rebuscadas.
Salto tiene una SEÑORA MEDICA DIRIGIENDO EL HOSPITAL. Claro: no va a hacer amiguismo ni acomodos. Ayudará a salvar vidas, sin gritar.