La Guerra de los Sexos (I)
- Por María de los Angeles Márquez, Partido Colorado
Hay muchas instituciones que promueven la participación de mujeres en política. Por qué entonces, el porcentaje general, regional, sigue siendo bajo en lo que se refiere a representación real con poder, aproximadamente un 24%. Un cuarto de la población. Somos tontas? no tenemos capacidad? ¿No nos interesa la política? hay un complot de los hombres hacia las mujeres? ¿Es una profesión de hombres y las mujeres intentamos quitarles lugares? Son múltiples las argumentaciones que hemos escuchado a lo largo de decenas de talleres, cursos, cursillos, formación sobre mujeres políticas.
En el exterior se comenzó con el movimiento sufragista de la mujer a mediados del siglo XIX y en Uruguay el primer voto de una mujer fue en el año 1927 de Cerro Chato en un plebiscito y en 1938 se concretó la primera votación de las mujeres en Elecciones Nacionales. Decir que Uruguay en estos temas ha sido pionero comparado con países de la región.
Pero la Política conducida por hombres comenzó a desarrollarse en el Neolítico surgiendo los primeros Estados Arcaicos, un proceso que abarcó desde el año 3100 hasta el 600 AC. Sin contar estos miles de años, difíciles hasta de imaginarlos, en Uruguay desde la primera Constitución hasta que votamos las mujeres en elecciones Nacionales pasaron 108 años. Entonces, el factor TIEMPO como ventaja para los hombres es fundamental, básico y más que contundente. Con esto no digo que deben pasar 3000 años para equiparar el tema.
La visión androcéntrica de varón como referencia universal o visión conservadora se centra en que hay menor oferta de mujeres políticas, que hay menos interés voluntario en ellas de participar en estas actividades, que las mujeres tienen otras preferencias personales, no reconocen barreras estructurales para el acceso de las mujeres en igualdad de condiciones a la política, que las mujeres tienen menor inclinación vocacional hacia la política, que priorizan su vida privada, que no tienen méritos y capacidades así como talentos exclusivos y competitivos que exigen la política y que La Política es un espacio muy hostil, confrontativo, duro y hasta peligroso para la mujer. Decímelo a mi.
Es muy gracioso en este siglo escuchar aún algunos de estos argumentos tradicionales. Sin embargo, lo real, es que las mujeres seguimos siendo muy pocas con representación en cargos con poder de decisión. En filas femeninas y de diversidad se plantea la participación política como derecho humano fundamental, como requisito para la justicia social, como visión necesaria para que la democracia sea plena y representativa y así se refleja a toda la sociedad. Se fundamenta que somos la mitad de la población, se pide una representación paritaria, igualdad numérica y de poder y el fin de sesgos históricos, transformando la agenda pública para visibilizar temas que han sido ignorados por mucho tiempo y que tienen que ver con la educación, salud, sistema de cuidados, violencia de género, situación económica, social y laboral de privilegio de los hombres sobre las mujeres. Se rebate la idea de que las mujeres ocupan lugares por cuota por ser desde hace mucho tiempo una diferencia notable y excesiva, defendiendo la capacidad y el mérito así como la idoneidad plena para dirigir los destinos del Estado.
Hoy escuchamos representantes mujeres de todos los partidos coincidir en que hay que avanzar hacia la paridad como herramienta clave de la igualdad. Postura con la que, al menos, discrepo. (Continuará)