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Tenga la certeza de que no me equivoqué en el título. Quiero decir que las “encuestas serias” pueden ser engañadas, no que sean “engañosas”. Lo escribo a raíz de las últimas publicaciones que dan al presidente ORSI con un bajo porcentaje de aprobación a su gestión. Considero que es el típico caso de “engaño de la opinión pública”, es decir que la gente ha transmitido al encuestador un parecer engañoso, sin saberlo. Tiene usted derecho a dudar de mis razonamientos y de sus bases. La población transmite lo que siente y eso lo recoge y sintetiza el profesional para publicarlo. Si el público contesta que “está bien”, aunque coma salteado, o que “está mal” a pesar de tener gran parte de lo que necesita, es la masa quien engaña al encuestador, entregándole conclusiones que no condicen con la realidad.

El escenario es viejo, quizás tan viejo como el agujero del mate. Desde tiempos inmemoriales el ser humano cree precisar lo que no necesita. Un recuerdo histórico: la decisión de los judíos de crucificar a Cristo. Cuando Poncio Pilatos le dio a elegir entre el delincuente Barrabás y Jesús, dice la tradición que el pueblo decidió por Barrabás, que ningún bien le había hecho, y condenó a Cristo que era, por lo menos, un buen tipo. Cristo podía ser odiado por los señores que lucraban (mercaderes, fariseos y otros similares). Esa clase transmitió a la gente su posición, y la decisión ya se conoce. Unos pocos marcaron el camino de muchos que poco pensaban.

Hace casi cien años un italiano (jorobado, enfermo de tuberculosis pero de fértil cerebro), sintetizó en la cárcel esta teoría como “la hegemonía de las clases dominantes”, mientras Mussolini lo tenía encerrado. Antonio Gramsci, escribió a mano treinta y dos cuadernos con sus hipótesis, que hoy siguen siendo válidas. Quienes dominan por poder, fortuna, fuerza, intelecto o lo que fuere, imponen su pensamiento a los dominados; los convencen de que sus razones (de los que mandan) son válidas para todos y deben defenderlas. Pensemos cuántas personas murieron por caudillos cuyas razones no beneficiarían a las masas que los seguían…

Esa “hegemonía “ sintetizada en teoría por Gramsci, sigue reinante. Hoy día los medios, las redes, la masificación hacen que quien se beneficia con los impuestos que pagan los ricos, se queje de esos tributos que quizá nunca pagará (Impuesto al Patrimonio, por ejemplo). Es razonable que a quien le han transmitido que “un centavo nunca llegará a peso” se queje porque el que manda se lo ha inculcado a través de generaciones. Cuando el encuestador hace las preguntas, responde que todo está mal. Aunque sus hijos hayan recibido los bonos escolares inéditos, así haya encontrado en la farmacia hospitalaria los medicamentos que por años no hubo, tenga aumentos en sus salarios superiores a los de mucho tiempo, aunque la inflación baja haga que le rinda el salario más que antes.

¿Se entiende por qué las encuestas pueden ser engañadas? No es responsabilidad de todo el Pueblo, sino de quienes lo mantienen engañado y de quienes son egoístas.

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