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Los vientos de Semana Santa o de Turismo, que en este 2026 llega a finales de marzo y los primeros días de abril. Para quienes somos de una generación nacidos a mitad del Siglo pasado, vivimos otros juegos y donde el armado de las “pandorgas” para nosotros, cometas hoy día, era de un trabajo totalmente artesanal. Conocimos aquellos que recorrían lugares para hacerse de las cañas, luego del secado, cortar a medida cada una y comenzar el armado de las “pandorgas”. El papel especial y en algunos caso, cuando se podía el transparente de colores, para que tuviera una mayor presencia. Para los más “chambones”, estaba la “tarasca”, que llevaba dos cañas y era de fácil armado, además que con poco viento, remontaba sin complicaciones.

Pero aquellos que tenían la facilidad del armado y eran unos artesanos realmente para los distintos modelos, incluso con aquellos “roncadores”, que cuando el viento acompañaba, el sonido era realmente lo que llamaba la atención. Ni que hablar de lo que era el nylon o la piola para remontar, sobre todo para que cuando el viento soplara con intensidad, no se cortara y terminara en algún techo o árbol, donde no era sencillo recuperarla. Pero en aquellos tiempos, también aprendimos a trepar y no tener dificultades para recuperar por lo menos el armado de aquellas cañas, que eran parte de nuestra “pandorga”.

Había artesanos que se animaban al armado de aquellos grandes “faroles”, que no eran sencillo remontarlos y sobre todo lo que significaba el trabajo de cada “cañita”, ya que no llevaba cola. Era espectacular ver aquel armado del “farol” y sobre todo cuando lo veías en la altura, como siendo parte de esa luz importante en nuestro cielo. Pero con el tiempo y el paso de los años fueron quedando en el olvido, quizás los artesanos ya no tuvieron el tiempo o la paciencia de su armado. Hoy simplemente vemos cometas más simples, ya no están las cañas, sino simples cañitos de plásticos, que son solamente dos y remontar es mucho más sencillo, incluso la paciencia aquella de salir en la mañana temprano, ir a almorzar mientras quedaba atado algún elemento, para que el viento la mantuviera en el cielo, para volver a tener la cuerda entre las manos y disfrutar de la fuerza del viento.

Ni que hablar del momento que había que bajar aquel farol, que cuando el viento soplaba con fuerza, había que poner mucho esfuerzo para que volviera al piso y eso era parte de una niñez que disfrutamos en cada espacio abierto. Las horas que llevaba el armado de una pandorga o un farol, con aquellos que con las herramientas caseras, trabajaban aquellas cañas para que se mantuvieran y dieran ese color distinto en el cielo. Los tiempos y las generaciones van cambiando, como también los juegos, por eso las miradas son diferentes en cuanto a las épocas, no sabemos si la nuestra fue mejor o no. Sabemos que cada tiempo tendrá su historia.

Pero de algo estamos convencidos, los cambios siempre llegan para quedarse y cada vez son menos las “pandorgas” que le dan un color a nuestro cielo, ya que la paciencia no es la misma, pero además los artesanos de otros tiempos, tampoco estarán en el armado. El farol ya no se prende en el cielo y las cañas no están a la vista para el armado de nuestra pandorgas. La Semana Santa o de Turismo se mantiene, con otras costumbres y herramientas que nos mantiene con muy poco movimiento. Otros tiempos y recordando otros momentos, como aquel farol que subía para encender nuestros sueños, como el esfuerzo del artesano que lo armaba.

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