Quizás solo la Psicología lo puede explicar
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Por el Lic. Fabián Bochia
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En enero del año 2024 accedimos a un tour familiar para conocer La Habana y Varadero, Cuba. En el viaje rumbo a la única escala, el aeropuerto de Panamá, dialogamos con una señora que tendría alrededor de sesenta años que era venezolana, de Mérida.
La dama estaba afincada en Montevideo con su hija que tenía pareja charrúa pero llevaba a su anciana madre a las tierras de Simón Bolívar. La señora no lo dijo, pero dio a entender que su mamá quería terminar su vida en su nación a pesar de las muchas, muchísimas dificultades que enfrentaba la nación entonces regida por el dictador Nicolás Maduro.
"No sabemos cuánto de energía eléctrica en el día tendremos en Mérida", nos decía haciendo alusión a los reiterados cortes de luz. Yo le recalqué que ese año, 2024, más precisamente el 28 de julio, habría elecciones y que se perfilaba para ganar Edmundo González Urrutia. La señora me miró como que yo fuera un bebé de pecho y me dijo "¿Usted cree que Maduro puede perder las elecciones? Por favor señor".
Luego de esta advertencia me dijo algo que me quedó grabado y que es la raíz de muchas interrogantes que nos hemos hecho a lo largo de la vida y es el por qué de las decisiones de la gente, en este caso de una nación. Yo le hablé de Carlos Andrés Pérez, presidente venezolano antes del chavismo. "Un gran hombre, un gran presidente, con errores claro, pero un hombre que amaba su país, no un loco. Mire, en Venezuela usted vivía bien, lógicamente la nafta no era como en su país (Uruguay), era muy barata, pero un trabajador medio venezolano tenía su carro, su casa, y viajaba con su familia a Miami de vacaciones. Piense que Miami está muy cerca y el costo era reducido. Pero apareció Chávez con sus ideas, primero intentó un golpe, falló, pero luego la gente lo siguió y a la larga él, los chavistas y Maduro destruyeron un pueblo hermoso, una nación hermosa. Tengo la esperanza de que algún día por el amor de los venezolanos reconstruiremos mi nación. Mire que no es lo que hoy se ve, somos otra cosa."
Nadie en su justa medida puede decir que Venezuela era una nación del nivel de Finlandia, estamos de acuerdo, pero de allí a dar un paso a la debacle hay otra. Claro que Hugo Chávez y sus criminales fingieron todo, no dijeron lo que iban a hacer, sino que le cantaron loas a los electores. Que la derecha, que había un paraíso escondido, que los recursos debían ser del pueblo, que los extranjeros y un montón de estupideces repetidos como un mantra capaz de hacer creer a los incautos. Pero si Venezuela hubiera tenido los índices de desarrollo de Haití vaya y pase, pero era una nación en vías de desarrollo con una muy buena y abundante clase media. Recordamos incluso como en la dictadura uruguaya cientos de compatriotas se iban a trabajar a Venezuela por su desarrollo turístico por ejemplo, y nos hablaban de que allá la nafta era más barata que el agua minera acá. Sin embargo los venezolanos decidieron dar el paso al abismo cuando estaban en tierra firme.
Puede ser que el hombre se aventure a creer en situaciones grandiosas que no tienen pie ni cabeza por ese espíritu de aventura o por creer que nada puede pasar, que las instituciones están fuertes y que si falla ese caudillo en las próximas elecciones lo podrán borrar del mapa. Pero ya vemos que no era tan fácil, y que las instituciones no eran tan fuertes. Quizás desde las Psicología y la Psicología Social se podría avanzar en encontrar explicaciones a este (inexplicable) salto al vacío.