El Parque Harriague y su deuda histórica
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Por Leonardo Vinci
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joselopez99@adinet.com.uy
El Parque Harriague está experimentando una transformación palpable. Resulta gratificante observar cómo la Intendencia de Salto ha iniciado un proceso de puesta en valor, con mejoras visibles que devuelven la dignidad a este espacio emblemático. Los arreglos en los senderos, la renovación de la iluminación, la recuperación meticulosa de las áreas verdes y la adecuación de los escenarios para eventos, marcan un rumbo positivo. Es un esfuerzo necesario para que el parque vuelva a ser el corazón palpitante de las celebraciones culturales y populares que definieron a nuestra ciuda
Este ímpetu renovador cobra especial relevancia al considerar el proyecto de transformar el predio en un "Arboretum", una iniciativa ambiciosa prevista en el presupuesto quinquenal y que ha sido impulsada con determinación por la joven edil Luciana Gallino en la Junta Departamental. Convertir el Harriague en un jardín botánico dedicado a la conservación de especies arbóreas no solo es un aporte ambiental valioso, sino también una estrategia inteligente para dotar al parque de una identidad moderna, educativa y turística.
Sin embargo, si realmente aspiramos a una reconstrucción completa de nuestro patrimonio, el trabajo no puede limitarse a la infraestructura física. Existe una dimensión intangible pero fundamental: la memoria histórica. Mejorar el entorno es loable, pero consolidar el respeto por nuestro pasado es lo que le otorga verdadera alma a las obras públicas. En este sentido, existe una deuda pendiente que el tiempo ha intentado borrar injustamente: la reposición de la placa en homenaje al arquitecto Armando Barbieri, el intendente visionario que hizo posible que el Harriague existiera.
Fue Barbieri quien, en la década de 1950, tuvo la audacia y la capacidad de gestión necesarias para acordar con las hermanas Harriague la donación del predio. Aquel gesto no fue una simple transacción inmobiliaria; fue la semilla de un espacio pensado exclusivamente para el encuentro ciudadano. Bajo su visión, el parque se consolidó como un hito cultural. Recordemos que el 7 de diciembre de 1953, el predio fue testigo del inolvidable “Concierto de las Mil Voces”, donde el maestro Eric Simon dirigió a más de mil coristas y cien músicos en una interpretación épica de “El Mesías” de Händel. Un hito cultural que, hasta hoy, sigue siendo un orgullo para el Uruguay todo.
En honor a su legado, el 7 de setiembre de 1966, se colocó una placa de bronce sobre un pedestal con una frase que sintetizaba su espíritu: “Vivió con su Pueblo y para su Pueblo”. Lamentablemente, este testimonio de gratitud desapareció sin explicación alguna, dejando un vacío que se prolonga hasta nuestros días.
Ahora que el Parque Harriague renace, es el momento idóneo para saldar esta cuenta. Reponer la placa original no requiere de un gasto desmesurado ni de gestiones complejas; es, fundamentalmente, una cuestión de voluntad y ética. Honrar a quien permitió que hoy disfrutemos de este pulmón verde es un acto de justicia histórica que la sociedad salteña agradecerá.
No estamos ante un reclamo político, sino ante un deber cívico. La figura de Barbieri, con los matices propios de cualquier trayectoria pública, es parte ineludible de nuestra identidad. Reivindicar su memoria al tiempo que transformamos el parque en un Arboretum es el gesto de una comunidad madura que sabe construir futuro sin ignorar sus cimientos. Que la nueva etapa del Harriague no sea solo una renovación de senderos y luces, sino también una reivindicación de nuestra historia. La placa debe regresar a su lugar. Que la frase “Vivió con su Pueblo y para su Pueblo” vuelva a presidir el espacio que él soñó para nosotros, marcando el camino hacia una Salto que honra a quienes, con visión y trabajo, le dieron forma, identidad y vida propia.