Salto no puede vivir solamente de sus temporadas
- Por Alexander Fagundez - Edil de la CORE
El desafío es transformar el turismo en una política permanente de desarrollo, inversión y empleo. Tenemos recursos, proyectos y oportunidades; necesitamos una visión estratégica que convierta nuestro potencial en resultados concretos para los salteños. Salto tiene una riqueza natural privilegiada, una identidad productiva reconocida y atractivos turísticos que lo distinguen en Uruguay. Sin embargo, tener recursos no significa automáticamente generar desarrollo. El verdadero desafío consiste en convertir esas ventajas en inversión, actividad económica y, fundamentalmente, puestos de trabajo.
El turismo no puede limitarse a las vacaciones, los fines de semana largos o las temporadas de mayor afluencia. Debe concebirse como una política de desarrollo permanente, capaz de dinamizar el comercio, la gastronomía, el transporte, la hotelería y una extensa cadena de servicios. Detrás de cada turista hay una oportunidad para un trabajador, un comerciante o una familia.
Salto necesita desestacionalizar su oferta turística. Las termas de Daymán y Arapey son pilares fundamentales, pero no pueden ser nuestra única carta de presentación. Tenemos el río Uruguay, el lago de Salto Grande, nuestra producción vitivinícola, la gastronomía, la historia ferroviaria y un entorno natural con posibilidades todavía insuficientemente aprovechadas.
Integrar estos recursos permitiría extender la estadía de los visitantes, incrementar el gasto turístico y distribuir mejor sus beneficios en la economía local.
Desde mi responsabilidad como edil departamental y presidente de la Comisión de Turismo y Trabajo de la Junta Departamental de Salto, he procurado contribuir a esa visión mediante la presentación de iniciativas concretas.
Entre ellas se encuentra la propuesta de desarrollar paseos en catamarán por el río Arapey, incorporando una experiencia recreativa diferente y poniendo en valor un entorno natural con potencial turístico. También he impulsado la recuperación y puesta en valor de la estación Midland, como espacio de interés histórico, cultural y turístico, con posibilidades de integrar exposiciones y propuestas gastronómicas.
A estas iniciativas se suma la creación de una Fiesta del Tannat y del Cordero, vinculando nuestra producción, la identidad rural y la gastronomía, con oportunidades para productores, emprendedores y comerciantes.
Asimismo, he planteado promover los deportes náuticos en el lago de Salto Grande, aprovechando sus condiciones naturales para ampliar la oferta recreativa, atraer nuevos públicos y generar oportunidades de inversión y empleo.
Otra propuesta es la instalación de un casino en Termas del Arapey, iniciativa que permitiría diversificar y potenciar la oferta turística de ese centro termal, incorporando un atractivo capaz de convocar a públicos diferentes.
Esperamos que estas iniciativas sean estudiadas y tenidas en cuenta por las autoridades departamentales y nacionales. El desarrollo turístico requiere coordinación institucional, infraestructura, promoción y participación del sector privado. Presentar proyectos es un primer paso; concretarlos exige voluntad política y capacidad de ejecución.
El Gobierno departamental tiene un papel fundamental en la articulación de propuestas y la promoción del destino Salto. El Gobierno nacional, por su parte, debe acompañar con políticas que contemplen las necesidades del interior, mejoren la conectividad y fortalezcan nuestra competitividad. La descentralización no puede quedarse en un discurso: debe traducirse en oportunidades reales.
Pero el desarrollo tampoco se construye solamente con anuncios ni con críticas. Exige estudiar alternativas, presentar proyectos, buscar acuerdos y trabajar para que las ideas se conviertan en hechos.
La crítica política es legítima y necesaria. Lo que no resulta aceptable es pretender dar lecciones de gestión desde la comodidad del olvido, como si los diez años de gobiernos frenteamplistas en Salto no hubieran dejado problemas económicos, dificultades de infraestructura y desafíos laborales que todavía debemos enfrentar.
Quienes hoy tenemos responsabilidades de gobierno debemos rendir cuentas, escuchar y demostrar resultados. Pero quienes juzgan la gestión actual también deberían explicar qué hicieron cuando tuvieron la oportunidad de gobernar.
Salto necesita menos soberbia y más propuestas; menos discursos y más trabajo. Los ciudadanos tienen derecho a distinguir quiénes trabajan realmente por el departamento y quiénes solamente critican, pretendiendo enseñar cómo se gobierna después de una década en la que Salto perdió oportunidades y acumuló problemas.
El futuro de Salto no se construirá con nostalgia ni con excusas. Se construirá con trabajo, planificación, inversión y la decisión firme de convertir nuestro potencial en bienestar para nuestra gente.