Se están yendo a Canelones
- Por Dr. Pedro Bordaberry, senador de la República
Noventa mil personas se fueron de Montevideo en los últimos doce años. La mayoría, unos setenta mil, optaron por Canelones. Veinte mil por Maldonado. El dato es duro e irrefutable: migraron, eligieron otro departamento para vivir. Canelones fue el gran receptor de esa decisión. No fue casualidad. Responde a una búsqueda consciente de calidad de vida, espacios verdes, seguridad y valores inmobiliarios más accesibles. Esta fue una de las conclusiones del conversatorio organizado por Sede Canelones, el think tank canario que dirige Rosario Cervini, empresaria, abogada y escribana. Reunió a líderes del desarrollo inmobiliario como Martín Gómez Platero, Ernesto Kimelman, Sebastián Sánchez, Leandro Añón y Juan Antonio Damiani. Referentes y protagonistas del desarrollo urbanístico que llevó a miles de familias a radicarse ahí.
Desde la experiencia y el conocimiento, desgranaron conceptos que son un faro para quienes navegamos en las políticas públicas nacionales y departamentales. Quizás el más importante es el de las ciudades policéntricas. Coincidieron en que el urbanismo contemporáneo exige múltiples centralidades consolidadas con programas de usos mixtos: residencial, comercio, trabajo, gastronomía, recreación. De esa forma se evitan las "ciudades dormitorio" o los distritos que mueren después de las 18 horas. El objetivo es no replicar lo que sucede en la capital, donde miles de personas se desplazan diariamente congestionando calles para llenar y vaciar zonas. La "ciudad de los diez minutos" —donde los servicios esenciales están a distancia caminable— fue señalada como lo deseable.
Otro consenso: preservar la identidad de Canelones no significa detener el desarrollo. La solución es planificar con vocación de hacer ciudad, protegiendo lo inherente al lugar —lo verde, la proximidad al mar y los lagos, el carácter apacible— mientras se impulsan la densificación razonada y los usos mixtos. Se destacó que muchas playas del departamento son prácticamente inaccesibles por falta de infraestructura pública, cuando deberían ser el activo central de la identidad costera.
El acceso público a las playas y a los espacios comunes no es negociable. El debate sobre edificios con salida directa al mar se resolvió con matices: no hay dogma, pero sí condiciones urbanísticas estrictas —factor de ocupación del suelo, permeabilidad visual, aporte al espacio público—. Este fue identificado además como el principal generador de valor inmobiliario y de cohesión social.
Los clubes de campo y barrios cerrados nacieron como respuesta a la inseguridad y a la demanda de un entorno verde. Hoy la normativa los limita a doce hectáreas, lo que los hace más permeables. El desafío es integrarlos a la trama urbana: que no interrumpan calles preexistentes, aporten al espacio público circundante y generen fachadas activas en lugar de muros ciegos. Los panelistas apuntaron a un modelo híbrido con frentes comerciales, plazas de uso mixto y conectividad entre barrios.
Como casi siempre sucede, la infraestructura va detrás del crecimiento. El diagnóstico es claro: Canelones creció más rápido que su capacidad infraestructural. Persisten déficits en saneamiento, drenaje pluvial, agua potable y transporte. Un dato llamativo: el departamento tiene 65 kilómetros de costa sin puerto propio.
La inversión en movilidad integrada fue señalada como prioridad ineludible para los próximos años. Los panelistas reconocieron la necesidad de espíritu colaborativo entre los desarrolladores privados y destacaron el buen relacionamiento con las autoridades departamentales como un diferencial. La conclusión de fondo es que el desarrollo de la costa requiere articulación permanente entre el sector privado, la Intendencia, los municipios y los organismos nacionales para que la planificación preceda al crecimiento, y no lo persiga.
Es raro hoy día encontrar tanta sensatez, conocimiento y visión en un mismo espacio. Fue un mérito de Sede Canelones y Rosario Cervini.