Se viene
- Por Facundo Esteche, edil Partido Colorado
Con amigos, tengo la costumbre de, cuando está por pasar algo, o en realidad no va a pasar nada, decir “se viene”. De hecho es la típica muletilla que le decís a un taxista ni bien entrás al auto. Yo no sé si se viene, pero están pasando cosas. Y me apena que no hablemos el mismo idioma que el mundo. Estoy hablando de Inteligencia Artificial, que es más que un chat que te responde. Mucho más.
Bill Gates publicó hace poco un texto largo sobre el tema. Dice algo que me quedó bastante grabado y hace todo el sentido del mundo… la Inteligencia Artificial puede ser el mayor igualador que existió, o la peor fuente de injusticia jamás inventada. Todo depende de las decisiones que se tomen ahora.
Ahí está el problema. En Salto, y en el resto del país, seguimos discutiendo la IA como si fuera una curiosidad de laboratorio. En el mundo ya está reemplazando trabajo de oficina, call center y de asistencia legal. En 1933, en plena Depresión, el desempleo en Estados Unidos rondó el veinticinco por ciento. Tardó una década en bajar. La diferencia con lo que viene ahora es que no hay ciclo económico que lo revierta. Esto es ya. El trabajo que se pierde por automatización no vuelve cuando mejora la economía. Solo queda la reinvención.
Los primeros golpeados van a ser los puestos de entrada, esos que ocupa alguien que recién egresa y busca su primer trabajo. Gran problema para el empleo juvenil salteño, en dónde te exigen años de experiencia antes de tomarte. Después siguen oficios que hoy parecen protegidos, como la construcción y la hotelería, cuando los robots bajen de precio. Uruguay no es una isla. Dependemos del trabajo que generan la agroindustria y el comercio del litoral. Si esas ramas absorben tecnología sin ningún acompañamiento, la conmoción social va a ser real.
Del otro lado están los beneficios, que son enormes. La agricultura de los países de menores ingresos es donde la IA puede tener un impacto más rápido. Pienso en nuestros productores del litoral, en los que no tienen acceso a pronósticos confiables ni asesoramiento técnico permanente. Ahora pueden. Herramientas que les digan qué sembrar y en qué zona de su tierra, cómo regar y cuándo fumigar eficazmente. Es una ventaja concreta, te iguala con empresas de mayor porte. Se compite, ganamos todos.
Después están los trabajos ‘‘reservados para humanos’’ (por ahora): ciertos trabajos que, aunque la máquina pueda hacerlos, se reservan para personas. Cuidar a un enfermo terminal, dar una noticia médica devastadora, criar y cuidar a un gurí. La tecnología puede hacer estas cosas, pero se pierde un rasgo humano si lo hacen. ¿Dejarías a un ser querido con un robot todo el tiempo? Agravaría la soledad y nuestra socialización que es entre pares desde que el mundo es mundo.
Ese debate todavía no llegó a nuestros lares. Al Parlamento apenas, muy poco. Y debería. No hace falta resolver todo de golpe, pero sí abrir la discusión, con trabajadores, educadores, empresarios y comunidad, antes de que la disrupción nos obligue a improvisar. Hablarlo no para ponernos conservadores ni en contra por mero capricho, sino para estar preparados, siendo conscientes de a lo que podemos decirle que no y lo que de verdad… se viene y listo.
Volviendo a mis amigos y al taxi. Cuando decís “se viene” generalmente no pasa nada. Esta vez sospecho que sí. No quiero caer en la psicosis de la IA ni en el aceleracionismo desacerbado, pero te ponés a pensar y la estamos corriendo de atrás. Por varios cuerpos. Y la diferencia entre que nos encuentre preparados o dormidos depende de si empezamos a hablar de esto ahora, en Salto, en Montevideo, en cada Junta Departamental y cada aula.