La Prensa Hacemos periodismo desde 1888

El tema de los llamados “virus hospitalarios” volvió a instalarse con fuerza en la opinión pública luego de las declaraciones del empresario argentino Alberto Samid. Tras ser trasladado desde Uruguay a Buenos Aires por un cuadro infeccioso, Samid difundió un video en el que lanzó una frase que generó polémica inmediata: “Si alguna vez tienen un problema en Uruguay, rajen”.

Sus palabras fueron duras. Agradeció la atención recibida en Argentina, pero cuestionó  al sistema de salud uruguayo. Dijo que si se hubiera quedado, hoy no estaría vivo. Sus declaraciones recorrieron medios, redes sociales y despertaron indignación, defensa y también preocupación.

Pero este debate no comenzó ahora. El pasado 6 de febrero, en una investigación periodística publicada en Diario La Prensa bajo el título “El llamado Virus hospitalario”, ya habíamos abordado este tema en profundidad. En ese trabajo —de alto valor periodístico— consultamos a profesionales salteños para entender qué hay detrás de esa expresión que se repite con frecuencia.

Uno de los conceptos más importantes que surgió en aquella investigación fue claro: no siempre se trata de virus. Según explicó un médico consultado, en la mayoría de los casos no son virus sino bacterias las responsables de estas infecciones. La diferencia no es menor, porque cambia el tipo de tratamiento y también la forma de prevención.

En aquella nota se explicó que las infecciones intrahospitalarias, conocidas técnicamente como nosocomiales, aparecen luego de 48 horas de internación, tras cirugías o incluso días después del alta. No son exclusivas de Uruguay ni de ningún país en particular. Existen en todo el mundo, incluso en los sistemas de salud más avanzados.

¿Por qué ocurren? Porque los hospitales son espacios donde se concentran personas enfermas, se realizan procedimientos invasivos y se utilizan antibióticos de manera constante. La colocación de sondas, vías o intervenciones quirúrgicas pueden convertirse en puertas de entrada para bacterias.

El problema se agrava cuando esos gérmenes desarrollan resistencia a los antibióticos. En ambientes donde estos medicamentos se usan con frecuencia, algunas bacterias se vuelven más fuertes y difíciles de eliminar. Por eso, una infección hospitalaria puede transformarse en un cuadro complejo, sobre todo en pacientes que ya están debilitados.

Entonces, ¿tiene razón Samid en sus críticas? Esa es la pregunta que  surge. Desde una mirada objetiva, los especialistas coinciden en que estas infecciones son una realidad global. Estados Unidos y países europeos también registran miles de casos cada año. No se trata de una falla aislada ni de un problema exclusivo de un sistema sanitario.

Sin embargo, cada denuncia pública obliga a revisar procedimientos, tiempos de respuesta y recursos disponibles. La salud no puede estar al margen de la autocrítica. Cuando un paciente siente que necesita trasladarse a otro país para salvar su vida, el sistema debe preguntarse qué pudo haber fallado.

Las palabras de Alberto Samid incomodaron. Tal vez fueron exageradas. Tal vez injustas para muchos profesionales que trabajan con compromiso en nuestro país. Pero también expresan el miedo de alguien que sintió que su vida estaba en riesgo.

Si el virus —o la bacteria— que le detectaron en Uruguay finalmente fue tratado y controlado en Argentina, la pregunta es  ¿en qué estamos fallando? ¿Es un problema de recursos, de equipamiento, de protocolos o de confianza? No se trata de alimentar polémicas entre países, sino de asumir que la salud exige revisión permanente. Porque cuando la vida está en juego, cada detalle importa.

Ranking
Recibirás en tu correo electrónico las noticias más destacadas de cada día.

Podría Interesarte