Somos todos contrarios…
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Por Ramón Fonticiella - Ex Intendente de Salto
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Hace algún tiempo (bastante), cuando no había en el campito suficiente número de jugadores (gurises), armábamos un picadito con el reglamento de “todos contrarios”. En medio de un prolijo desorden todos corríamos detrás de la pelota, en un caótico e individualista intento de driblear, gambetear o quitar el balón. Obviamente no había ningún ganador, nadie mejoraba su técnica ni obtenía ninguna satisfacción más o menos lógica.
Setenta años después, razono que era la cumbre del egocentrismo, pensábamos cada uno en sí mismo. Quizás esa figura psicológica se mantiene hoy día, por lo menos en política. No les tomo tiempo para explicar qué nivel de política, porque los hechos me muestran que es en todos: local, nacional, regional…y mundial. A la mayoría de los actores pareciera que sólo les importa su individualidad, aunque en muchísimos casos esa postura lleve a guerras, muertes o invasiones.
En el ámbito de la política doméstica parece no haber riesgos fatales, pero sí de un deterioro progresivo (y a veces explosivo), de las condiciones de vida de las comunidades o de las defensas éticas de las personas. Estoy tentado de exponer algunos casos de ese “todos contrarios”, pero no quiero ofender y menos darle importancia a actores que se hacen conocer en “picaditos de potrero”. Prefiero tocar algunas generalidades para (como siempre digo) tratar que alguna semillita de razonamiento caiga en tierra húmeda y germine…
De lo más grave de esos “discursos o declaratorias escritas” de posturas individualistas, es que se publican sin pudor, y lo que es peor sin información o respeto por el pensamiento ajeno. No hace mucho pude enterarme de que un “político” sin citar mínima documentación o fundamento, expresaba duras críticas contra uno de los poderes del Estado. Grave hablar sin saber o demostrarlo; peor todavía envenenar el pensamiento de Juan Pueblo acusando sin solidez. Seguramente muchos lo hacen amparados en que pocos los conocen, y que es posible que nadie tome nota del desatino.
Hago acá un paralelo casual, con el pensamiento de la senadora Blanca Rodríguez, aunque no se trate exactamente del mismo tema. Ella ha pedido que de alguna manera legal se frene los discursos de odio; yo, humildemente, pido que los referentes (que son los que publican) analicen (si pueden) la veracidad de sus contenidos, las fundamentaciones de sus acusaciones y piensen (por favor) que hacen daño difundiendo opiniones negativas sin sustento.
Alguien decía estos días que se publican más noticias malas que buenas; que el crimen y las violaciones tienen más seguidores que el anuncio de los niveles salariales del país, que son de los más elevados en mucho tiempo. En política no es necesario, ni honesto, atacar con blasfemias la honorabilidad de las personas o las instituciones. No se trata de que los tiempos cambiaron y ahora todo vale. NO. Solamente los incapaces (o deshonestos) se valen de la infamia, el odio, el falso testimonio o el juicio retorcido para llamar la atención. Cuando capto estas situaciones pienso que no todos “los políticos quieren lo mejor para su pueblo”. Respeto que pensemos diferente, pero la irresponsabilidad política, es falta grave.