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La psicología del tránsito busca mejorar la calidad de vida de los distintos actores del tránsito, investiga los factores humanos, medioambientales y técnicos que provocan los siniestros de tránsito. ¿Qué diferencia a los accidentes de los siniestros de tránsito?

Al hablar de siniestro, se trata de un hecho que puede prevenirse y es evitable. Son sucesos predecibles. El accidente es un hecho azaroso o fortuito, una situación o hecho de fuerza mayor o inesperada, que no se puede controlar, por ejemplo, un factor climático. Los siniestros de tránsito son multicausales, pero la mayoría de los estudios apuntan a que el principal protagonista que los provoca es el ser humano, atravesados por rasgos de personalidad diferentes y formas de resolver una situación.

¿Cuáles son las principales causas de siniestros de tránsito en el Uruguay?

Entre las grandes causas dependientes del factor humano se destaca la imprudencia desatada por los participantes, conducir bajo el efecto de alcohol, drogas, con sueño, fatiga, cansancio, altos niveles de estrés, conducir sin tener las medidas de seguridad acordes, entre otras.

¿Cómo inciden las emociones?

Los resultados del análisis llevado a cabo a este respecto señalan que, por un lado, aquellos conductores que reaccionan con malestar o enojo ante las prisas, las retenciones o la presencia de vehículos lentos, son las personas que tienen menos tolerancia y más propensas a vivenciar siniestros de tránsito en algún momento de su vida.

Psicología del tránsito

La psicología del tránsito contribuye así al esclarecimiento de las verdaderas causas contemplando la totalidad de sus dimensiones, entre ellas el comportamiento vial influido por los siguientes factores: el entorno físico (relacionados al vehículo y las características de las vías de circulación); los aspectos cognitivos y motivacionales. Como así también, los factores socio-culturales y el respeto a las normativas legales.

Desde esta perspectiva el conductor, procesa la información según su capacidad y cuya eficacia está determinada por sus características personales desarrolladas a partir de la educación, habilidades y limitaciones que tenga como conductor. Este convierte toda esta información, en conceptos significativos, que configuran la situación, según la particularidad de cada uno (nivel de alerta, experiencia, patrón de comportamiento, edad, sexo, actitudes, etc.) generando una decisión sobre la acción de conducir.

Educación vial a temprana edad

Por lo tanto, es de suma importancia la educación vial a temprana edad y la necesidad de realizar permanentes campañas de prevención, orientadas a informar y producir cambios de actitud en los conductores y peatones. No alcanza solamente con informar, habría que hacer hincapié en los cambios de conductas de riesgo en el manejo, desde una educación sobre los actores de todo el sistema vial, siendo imprescindible el previo diagnóstico de la problemática en nuestra ciudad y la puntual intervención sobre el comportamiento vial.

Otra estrategia a seguir debería ser la rehabilitación y el trabajo con personas “multisiniestradas”, de manera que resuelvan su tendencia a sufrir “siniestros”, ya sean por distracciones, omisiones, malos hábitos, imprudencia, o déficit a la hora de evaluar los riesgos, para sí mismos o terceros involucrados.

Por lo tanto, la tarea y responsabilidad es de todos y todas. El peatón, el conductor y la población en general formamos parte de la solución.

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