Nostalgias del buen comer /
Un buen budín de pan o torrejas con miel, de chuparse los dedos
- Por Gabriel Paique gpaique@laprensa.com.uy
Muchas veces pensamos que la Nostalgia, pasa solamente por un baile o recordar viejos temas, que fueron los que nos hicieron crecer, porqué la música siempre ha sido parte importante en los caminos de la vida, dependiendo de las generaciones, lo que solíamos escuchar.
Pero también muchas veces sentimos nostalgias de cosas que nos hicieron felices a la hora de sentarnos en una mesa y con poca cosa, pero con mucho amor, aprovechando lo que se tenía a mano, nuestros mayores hacían exquisiteces, que aún perduran ese sabor casero en nuestros paladares.
“Si hay hambre, no hay pan duro”, de aquellas frases que perduran en el tiempo y que mostraban que a la hora de las complicaciones, siempre se encontraban los caminos para tratar de que la “panza” no tuvieran los “huecos”, con lo que eran los artesanos de la cocina, donde había que mostrar lo que se podía hacer con las cosas que iban quedando para atrás, que realmente formaban parte de tener muchas veces cosas caseras que eran el deleite para las familias.
El trigo es parte de la historia, la harina como parte fundamental para poder elaborar el pan, que siempre se compartió de una u otra manera, que el hombre lo utilizó para alimentarse, pero además supo darle el valor para que no se tirara.
Algunas costumbres que fueron parte de nuestra vida, es que el pan no se tiraba y si por alguna manera había que hacerlo, había que darle un beso y agradecer, para que nunca faltara.
Es que el pan viejo o duro, siempre sirvió para “engordar” algunas comidas y vaya quien no le agregó algunas migas a albóndigas, para “estirar” la carne. O con el café con leche, ponerle en la taza el pan duro y que rico que era cuando quedaba tan blando, como para deleitarse con aquello que cuando chicos, era realmente un “manjar”.
Aprovechando de las pequeñas cosas y costumbres, cuando la leche llegaba recién ordeñada a nuestras casas, con aquella gordura que iba quedando mientras se enfriaba, para colocar un trozo de pan, para disfrutar, como deleitar nuestro paladar con esas cosas que fueron parte de nuestro crecimiento.
Desde cada tajada de pan o un trozo de galleta, nuestros mayores siempre encontraban el valor de cada cosa y no desperdiciar nada, ya que todo valía, había un esfuerzo en realizar cada cosa.
BUDÍN DE PAN
El budín de pan, un postre que realmente tenía su lugar y que había que saber cómo elaborarlo, cada uno tenía su secreto, pero lo que no podía faltar era el azúcar quemada, esa que le daba ese color tan especial, como también su gustito diferente, con aquel juguito que permitía llenar las cucharitas, para no desperdiciar nada.
Un postre que justamente fue creado seguramente para no desperdiciar nada y aquel pan duro que quedaba de días, ponerlo sobre una fuente con leche azucarada, una vez blando agregar huevos y utilizar aquellas budineras que ya casi no se ven, donde se quemaba el azúcar, hasta quedar a punto de caramelo, para luego llevarla al horno, que eran aquellos a leña, cuando no, también se hacían a “baño maría”. Utilizar lo que había a mano y después con el tiempo, muchos comenzaron a agregarle pasas de uva, coco, entre otros, para darle un gusto diferente.
Pero nada como aquellos budines de pan que hacían nuestros mayores y que cuando lo desmoldaban, esperábamos ansiosos el momento del corte, para deleitarnos con aquel postre con un sabor casero, que ni les cuento.
TORREJAS
Pero el pan duro no siempre fue utilizado en algún budín, o para hacer pan rayado, sino que también sirvió para otros “inventos”, porque había que encontrar la vuelta para hacer lo mejor, con aquello que iba quedando de lado y aparecieron las torrejas.
Se cortaban en rodajas el pan duro y también se utilizaba la leche para ablandarlo, luego el huevo, pero en este caso se fritaba en la sartén, en el aceite caliente.
Comer aquello calentito, luego de fritarlo en un vuelta y vuelta, en algunos casos agregarle un poco de miel por encima de la torreja, era realmente un manjar, que hoy no es sencillo encontrar aquellas manos que realmente con poco, hacían milagros para que nos deleitáramos alrededor de una mesa.
En este mes de agosto, donde la “Nostalgia” está en cada rincón y vaya que nuestro estómago sabe de lo que fueron los sabores del hogar, que muchos todavía intentamos mantener, más allá que lleve un poco más de trabajo, pero nada como lo casero.
De las cosas que se hacían cuando el pan iba quedando duro y había que buscar la manera de que no se desaprovechara nada.
Parte de lo que se puede hacer y disfrutar, de esas pequeñas cosas que la vivimos de chicos, que hoy intentamos mantener en cada rincón familiar.