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Desde muy niños escuchamos hablar de la existencia de túneles secretos en Salto, seguramente construidos en el siglo 19. Presenciamos conversaciones de nuestro padre cuando era Intendente, hablando de un pasadizo que atravesaba la actual Plazoleta Rooselvelt, cuya boca de entrada estaba en la Casa de los Lamas y su salida fue convertida en el depósito de herramientas que está en el encuentro de las escalinatas que dan hacia el este, habiendo sido tapiado en ambos lados.

Cuando el eximio pianista recientemente desaparecido- Rafael “Toto” Vece tuvo un restaurante en ese lugar, nos permitió descender por una rústica escalera de caracol a la que se accedía desde la barra, por la que se llegaba a la boca del túnel, convertida en “Cava” por sus características ambientales.

El recordado Dr. Néstor Albisu- cuando amablemente nos recibía en su casa- contaba haber entrado allí y también nos hablaba de otros túneles, que a él le constaba que existían en la ciudad.

Pero lo que resultó más interesante de esas charlas, fueron sus vivencias mientras se desempeñó en la Jefatura.

En 1990 había asumido la presidencia de la República Luis Lacalle Herrera y, a la vieja usanza, designó como jefes de policía a destacados vecinos en cada Departamento y él fue la persona elegida en Salto para desempeñarse en dicho cargo.

En aquel tiempo, llegaron unas personas de la Facultad de Humanidades y solicitaron ser recibidas. En esa reunión- nos contaba Albisu- le manifestaron su deseo de investigar la existencia de túneles en el predio de la Jefatura.

Naturalmente que se les concedió el permiso solicitado y tras exhibir un plano de la ciudad donde se podían apreciar distintos trazados, se dirigieron al lugar donde probablemente se encontraba uno de los accesos.

Una vez allí – bajo los galpones de los talleres de Jefatura- munidos de máscaras, ingresaron a un pasadizo. Albisu nos contaba que él también se introdujo con ellos, pero apenas si pudo dar unos pocos pasos porque resultaba muy difícil respirar en ese ambiente.

Recordemos que dicha dependencia había funcionado en el mismo terreno desde hacía más de 100 años.

Sin dudas, esas construcciones fueron hechas antes de que Salto fuera ciudad.

Derrumbes y modernas construcciones fueron obstruyendo estos pasadizos a los que nadie les prestó demasiada atención a lo largo de los años.

Naturalmente que detrás de historias parecidas, siempre hay algo de verdad y algo de mito.

¿Por qué no se ha podido comprobar plenamente la existencia de todos estos pasajes tan secretos como misteriosos?

Ocurre que los gobiernos departamentales que hemos conocido, jamás se interesaron por investigar a fondo, con arqueólogos especializados y experimentados, la veracidad de las versiones sobre los túneles.

Imaginemos el potencial que tendría para el turismo incorporar el recorrido, así fuese muy parcial, por estos añejos pasadizos, mientras un guía fuese narrando los muchos sucesos históricos ocurridos en Salto.

¿Por qué no se recurre a la Universidad de una buena vez y se devela el misterio?

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