Historias de vida /
Dr. Carlos Texeira. (I)
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Por Leonardo Vinci
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joselopez99@adinet.com.uy
Estuvimos con el Dr. Carlos Teixeira, quien nos habló de sus vivencias. “Una de las cosas que no me olvido de mi niñez, fue el cumpleaños de una de tus hermanas” me dijo. “Yo tendría 8 o 9 años y el cumpleaños era en lo altos de la Confitería Oriental. Tu mamá- que vivía con tu abuelo en la Villa Teresita- era amiga de mi mamá, que era su vecina. Ah! ¡Qué maravilla! ¡Qué cantidad de masitas que comí! Es una de las cosas que más recuerdo de mi niñez.”
Así continuó con su relato: De chico sufrí de bronquitis asmática. Pasaba las noches tosiendo. Mi madre pasó el diablo conmigo. Ella nos compraba el “Billiken”. Desde entonces le tomé el gusto a la lectura y fue un vicio que me quedó para siempre. Un buen vicio. La verdad es que, después de tantos años, poder leer y tener los ojos en condiciones, es una gran ventaja.
Yo le debo mucho a mis padres...
Yo le debo mucho a mi madre. Y a mi padre también. Una de las cosas que más valoro es que me hayan permitido llegar a la Universidad. Yo me siento un privilegiado, porque de mi barrio, los dos que pudimos llegar a la Universidad fuimos mi hermano y yo. Otros no llegaron por razones económicas o porque sus padres no se interesaron. Mi madre siempre insistió en que nos educáramos.
Puede hablar dos o tres idiomas
Yo fui bastante descuidado porque hubiera podido hablar con fluidez dos o tres idiomas ya que nos mandaron a estudiar inglés y francés cuando éramos niños aunque no le puse demasiada atención. Hoy lo lamento. Inglés sé muy poco. La gramática más o menos la manejo, pero hablar, se me hace muy difícil.
Fue a la escuela 8
Fui a la escuela 8, que inicialmente estuvo en la esquina de Rodó y Paraguay. Cuando mi madre asistió a esa escuela, estaba en Diego Lamas casi Santa Rosa, en la casa de la familia Gallino. Allá por los 40 hicieron la escuela nueva en avenida Batlle. Recuerdo a la Sra. De Baratta que la tuve en 1º año, en 3º a la Sra. De Calafí, al maestro Barre en 4º y en 6º la Sra. De Giosa. La Directora era la Sra. Díaz Derrégibus. Muchos años después, por un trámite judicial, una inscripción tardía, visité la escuela 8. Resulta que una señora- que había sido niñera mía- y cuando se fue a jubilar, se encontró que no tenía 60 años de edad. ¿Qué había pasado? El padre, para no pagar la multa, la inscribió como si hubiera nacido en ese momento cuando en realidad, ya era una gurisa grande. Entonces, para probar que ella tenía más de 60 años, conseguí la constancia de su inscripción en la escuela y gracias a ese documento, se pudo jubilar.
La Venus del Milo desapareció...
En un viaje a Europa había traído una “Venus del Milo” para la escuela. Como no la vi en la entrada le pregunté a la Directora por la estatua, pero no me supieron decir dónde estaba. Había desaparecido. También lo tuve al maestro Barco, con el que andábamos en un tractor arando el fondo de la escuela e incubando huevos. Espectacular el maestro Barco.
Mi padre compraba Tribuna Salteña
Mi padre tenía boliche en la esquina del Obelisco, y enfrente, había un paraisal donde pasábamos todo el día jugando a la pelota. Pegado al paraisal, estaba el Juzgado de Paz y la casa de familia de Omar Porciúncula, Juez de Paz de la 3º, que todos los días iba con los expedientes a casa para que le firmaran como testigos de las actuaciones que él había hecho. Recuerdo que en aquellos días- sobre el final de la segunda guerra mundial- mi padre compraba Tribuna Salteña. En uno de esos diarios, venía la noticia de la bomba sobre Hiroshima o Nagasaki. Mi padre le comentó a Porciúncula lo que había ocurrido en Japón y éste no podía creer que una sola bomba había destruido la ciudad.
La bicicleta del barrio
De niños jugábamos mucho a la pelota y aunque yo era muy turro, me entreveraba. También jugábamos al aro, a la payanga y el trompo.
Mi padre, una vez, a instancias de mi madre, nos compró una bicicleta. Usada, por supuesto. Había que ahorrar. Fue la primera bicicleta que tuvimos. Todos los gurises del barrio aprendimos a andar en ella.
¡El intruso se llevó a la paloma...!
Con mis parientas me enteré que Don Venancio López Díaz (el suegro de Don Ramón Vinci) tenía hijo varón y alguien en el barrio aspiraba a que mi madre se pusiera de novio con él. Pero resulta que llegó un paisano de campaña, que resultó ser mi abuelo con su familia- y alquiló la Villa Olguita en avenida Batlle y Verocay. Tenía 7 hijos, uno de los cuales fue mi padre, quien entró en amores con mi madre. ¡El intruso se llevó la paloma! (Continuará).