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La siguiente narración nos transporta a los tiempos de gauchos famosos como nuestro Martín Aquino, Hormiga Negra y Santos Vega. Juan Moreira fue un gaucho argentino muerto en 1874, y un personaje histórico que ha sobrevivido en el folclore popular, adquiriendo su vida ribetes casi legendarios. Su padre fue conocido por su crueldad y falta de piedad. Convertido en un estorbo por sus abusos y crímenes, algunos historiadores afirman que el mismo Rosas lo mandó matar. De su madre poco se sabe, salvo que intentó criar a su hijo lo mejor que pudo.

Por treinta años Juan Moreira llevó una vida tranquila, dedicándose al trabajo rural hasta conseguir su propio rancho, unas cuantas cabezas de ganado vacuno y algunas hectáreas de campo que destinó a la siembra. Tenía buenos modales y era habilidoso con la guitarra, motivo por el cual era bien visto por "la Vicenta", de quien se enamoró y con quien se casó, contando con el pleno consentimiento del padre, un hombre muy respetado.

Con el casamiento empezaron los problemas...

Ese casamiento sería el inicio de todos sus problemas ya que el Teniente Alcalde de la zona- conocido como Don Francisco- también estaba enamorado de ella y empezó a perseguirlo acusándole de hechos injustificables.
Eduardo Gutiérrez ha escrito un Drama policial que puede leerse en la Biblioteca Cervantes Digital, de donde surge que Moreira no fue el gaucho cobarde encenegado en el crimen y tampoco el gaucho asesino que se complace en dar una puñalada y que goza de una manera inmensa viendo saltar la entraña ajena desgarrada por su puñal. “No; Moreira era como la generalidad de nuestros gauchos: dotado de un alma fuerte y de un corazón generoso, pero que lanzado en las sendas nobles, por ejemplo, al frente de un regimiento de caballería, hubiera sido una gloria patria, y que empujado a la pendiente del crimen, no reconoció límites a sus instintos salvajes despertados por el odio y la saña con que se le persiguió. Moreira sabía que peleando defendía su vida amenazada de muerte, y peleaba de una manera frenética, y haciendo lujo de un valor casi sobrehumano.

En las pulperías, bien montado

No concurría a las pulperías sino en los días de carreras en que iba a ellas montado sobre un magnífico caballo parejero, aperado con ese lujo del gaucho que reconcentra toda su vanidad en las prendas con que adorna su caballo en los días de paseo. Nunca se le había visto beber con exceso, ni andando en aquellas fatales parrandas de los gauchos donde nacen las peleas que terminan generalmente enterrando un cadáver en el cementerio.”

Entrevista con el matador

Hurgando amarillentos papeles de los años 30, me encuentro con un interesante relato de su matador, el sargento Andrés Chirino, quien cumplía en esos días 100 años: “Moreira era muy valiente, pero andaba haciendo muchas cosas malas ¿sabe?”. “Yo estaba al mando de algunos hombres y nos mandaron en comisión a Lobos. No nos dijeron a qué íbamos. Recorrimos dos días a caballo los alrededores, pero no encontramos nada. Volvimos, y un buen día el Capitán Bó me mandó que eligiera siete u ocho hombres. Nos preparamos bien con las armas cargadas y las tercerolas (unos rifles más cortos que la carabina) y salimos. A la mitad del camino supe que íbamos a prender a Juan Moreira. Cercamos el rancho donde decían que estaba. La gente del gaucho, que eran unos seis o siete, estaban durmiendo. Nosotros entramos y prendimos a algunos. Después nos acercamos a la pieza donde estaba Juan Moreira y le dimos la orden de arresto.

¿Sabe que era bravo el mocito?

Desde adentro de la pieza nos hizo varios disparos, hiriendo a algunos compañeros. A uno le metió una bala en la pierna, a otro a quien llamábamos “el zapatero”, un balazo en el hombro; a un paraguayo que era sargento segundo, lo mató metiéndole una bala en medio de la frente. De siete hombres que éramos sólo quedamos tres. Moreira tiraba desde adentro de la pieza y yo le intimaba que se entregara. El hombre, por último, dijo que iba a salir. Abrió la puerta, llevando el sombrero en una mano y el trabuco en la otra. Cuando lo vieron mis compañeros le abrieron paso y dispararon. El hombre me hizo una gambeta y se fue derecho a la pared para escaparse. Yo martillé el arma, pero no salió el tiro. Entonces Moreira me disparó y me metió un balazo cerca del ojo. Caí al suelo y se me vino a la carga con el facón, que era grande como un sable. Desde el suelo volví a martillar. El hombre me tiró a la mano y me cortó tres dedos y me dio un hachazo en la cabeza. Nuevamente martillé y esta vez salió el tiro. Así murió. Era bravo, no hay duda, pero andaba haciendo ciertas cosas malas…”

Ya murieron todos

La crónica termina contando que “… el viejo calló un instante. Ahora deja los ensueños y los recuerdos. El Sargento Chirino- que mató a Juan Moreira- ya tiene 100 años, y se parece a nuestros abuelos.” “¿Sabe lo que pasa? Que todos mis amigos ya se han muerto. No queda nadie de la gente que yo conocía…

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