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En un día como el de hoy,  concretamente el 1º de abril de 1974, se iniciaba en la zona de Salto Grande, la construcción de la represa hidroeléctrica en sociedad por dos países hermanos, como son Uruguay y Argentina. Obra que por solo ese hecho, ya marcó una conquista histórica para América Latina que marcó un camino que transitaron otros emprendimientos binacionales.

Así se comenzaba a concretar un viejo anhelo principalmente de los salteños y concordienses, que mediante movimientos populares liderados por personalidades de ambas ciudades y apoyadas también por pobladores de una amplia región, que entendían se verían beneficiadas por esta monumental obra. Así, recordamos a la figura de Andrade Ambrosoni, quien con el Dr. Campos Pierri y muchas otras personalidades, fueron las que impulsaron la obra despertando conciencia en muchos pobladores. 

En concreto, la obra comenzó el 1º de abril de 1974. En 1979, con la conformación del lago-embalse, se habilitó la primera turbina. Ya para 1982 se terminó el puente que conecta ambos países. La obra fue finalizada el 27 de mayo de 1983, cuando se puso en marcha el último hidrogenerador. De esta forma, se convirtió en la primera central hidroeléctrica binacional de Latinoamérica.

Una larga historia con raíces mas que centenarias 

Según reza la historia oficial de la represa de Salto Grande, hace más de un siglo desde que don Gregorio Soler presentó el primer pedido de otorgamiento de una concesión para explotar energía eléctrica en la zona del Salto Grande. Luego se sucedieron distintas iniciativas individuales a lo largo de la primera mitad del siglo XX, como las de los Ingenieros Juan Smith, Maurice Mollard, Humberto Gamberale y Francisco Mermoz, hasta llegar a la firma del Convenio de 1946 para el aprovechamiento de los rápidos del río Uruguay en la zona de Salto Grande. Para llevar a cabo las obras fue necesario el esfuerzo y empeño por parte de los gobiernos en las decisiones políticas claves, de los técnicos en lo que refiere a los estudios y el proyecto, y también del pueblo que, sin distinción de banderas, se manifestó a través de los Comités Populares logrando que los propósitos del Convenio de 1946 se cumplieran y la obra de Salto Grande fuera una realidad.

La deuda no cumplida

Con esta obra, se definió un plan de desarrollo regional, que lamentablemente se dejó de lado, que incluía además de producir energía eléctrica, impulsar el riego y alentar actividades productivas cuya financiación se deberían cumplir con los ahorros que la represa con su producción le generaban a los dos países, que en el caso de Uruguay, dejaba de depender de centrales térmicas movidas con costosos full oil, lo que se acentuó con las crisis petroleras de los años 60 y 70.

Hoy el denominado Complejo Hidroeléctrico Salto Grande es un generador de recursos indispensables para la vida del Uruguay y la Argentina. Implica la posibilidad de seguir trabajando y creciendo desde la región por el bien común de los países creadores, de sus habitantes, de su industria, su comercio y su desarrollo, con el deseable cumplimiento del plan de desarrollo que se previa tras su puestas en funcionamiento.Algo que todavía esperemos se concrete, poniendo así, fin al centralismo montevideano y porteño.

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