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El edil Mario Furtado, ex director de Servicios Públicos de la Intendencia de Salto y actual coordinador de bancada del Frente Amplio en la Junta Departamental, lanzó en diálogo con La Prensa una de las denuncias políticas más explosivas de los últimos tiempos. Sin rodeos, afirmó estar convencido de que algunos ediles frenteamplistas que votaron a favor del fideicomiso solicitado por la Intendencia fueron “lamentablemente corrompidos”. La frase no fue una metáfora ni un exceso retórico. Furtado fue más allá y aseguró que “hubo dinero de por medio” para que esos legisladores, siendo oposición, dieran su voto favorable a una iniciativa clave del gobierno departamental. Según su versión, esas maniobras tendrían un responsable político claro: el ex intendente Andrés Lima, a quien señaló como principal artífice de esa supuesta operación.

“No hablo por hablar”: pruebas, audios y mensajes

Lejos de presentar sus afirmaciones como meras sospechas, Furtado sostuvo que la bancada del Frente Amplio dispone de pruebas contundentes. Mencionó específicamente la existencia de mensajes de texto y audios que, a su entender, respaldarían las denuncias de corrupción política.

Sin embargo, el propio edil sorprendió al señalar que, pese a la gravedad del asunto, se optó por no profundizar en esas investigaciones a nivel de ética política y disciplina partidaria. Según explicó, la decisión fue no “estancarse” en esos procesos internos y seguir avanzando políticamente. Esa postura, para muchos, abre un nuevo flanco de polémica: ¿cómo se puede denunciar corrupción y, al mismo tiempo, elegir no ir hasta el fondo? La contradicción no pasó desapercibida y deja una sensación incómoda: si existen pruebas, ¿por qué no se actuó en consecuencia?

Una gestión que “hace retroceder a Salto”

Pero las críticas de Furtado no se limitaron al pasado ni a la interna frenteamplista. El edil fue especialmente duro con el actual gobierno departamental, al que acusó de estar llevando a Salto hacia atrás. “Salto está retrocediendo con el actual gobierno”, afirmó, atribuyendo buena parte de ese deterioro a un problema estructural: la falta de personal operativo. Según Furtado, esa carencia es consecuencia directa de una “mala medida” adoptada al inicio de la gestión: el cese de numerosos funcionarios. Para él, se desmanteló una estructura que permitía que los servicios funcionaran, y hoy se paga ese costo en la calle, en los barrios y en la calidad de vida de los salteños.

Muchos cargos altos y poca gente para trabajar

En su diagnóstico, el edil dibujó un panorama que combina exceso de cargos jerárquicos y escasez de trabajadores reales. “Se contrataron muchos cargos altos y falta la gente que realmente ponga en práctica los trabajos”, resumió. Como ejemplo concreto, mencionó el área de alumbrado público, donde recordó que en otras épocas la Intendencia llegó a tener un taller propio, algo que hoy ya no existe. Esa pérdida, según él, impacta directamente en la capacidad de respuesta del municipio ante problemas cotidianos.
También fue crítico con la contratación de una paisajista, a quien se le habría asignado un salario elevado. “Ordenó algo en Plaza Artigas y no se ve nada más”, dijo, dejando entrever que el costo no se corresponde con los resultados visibles.

Entre la crítica dura y una cuota de espera

Paradójicamente, luego de un discurso cargado de acusaciones, Furtado introdujo un matiz: sostuvo que, de todos modos, el actual gobierno merece más tiempo para ser evaluado en su totalidad, sobre todo cuando cuente con un presupuesto propio que le permita desplegar su proyecto. Esa postura final no borra lo anterior, pero sí agrega complejidad a su posición. Furtado critica con dureza, denuncia corrupción, habla de retrocesos y mala gestión, pero al mismo tiempo concede que el veredicto definitivo aún no está escrito.

Un terremoto político en cámara lenta

 

Las declaraciones del edil no son una anécdota más. Acusar públicamente a compañeros de partido de haber sido comprados políticamente, señalar a un ex intendente como responsable y admitir la existencia de pruebas que no se investigan, configura un escenario de alta tensión política.

En Salto, donde la política suele moverse entre acuerdos silenciosos y disputas de bajo perfil, Furtado acaba de encender una mecha. La pregunta que queda flotando es si esas palabras quedarán en el aire o si, finalmente, alguien se animará a ir hasta el fondo de lo que él mismo describe como una de las páginas más oscuras de la historia reciente del departamento.

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