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El Alzheimer, enfermedad neurodegenerativa irreversible, avanza silenciosamente en todo el mundo y amenaza con convertirse en una verdadera “pandemia del siglo XXI”. En Uruguay, se estima que unas 60.000 personas conviven actualmente con esta condición, cifra que podría aumentar a 80.000 en los próximos años debido al envejecimiento poblacional. En la ciudad de Salto, un grupo de voluntarias decidió organizarse para brindar apoyo, contención y orientación a familias y cuidadores que enfrentan este duro camino: el Grupo Alzheimer Salto.

Un grupo nacido del compromiso personal

La iniciativa surgió en 2022, impulsada por Mirta Turino, quien tiene una hermana afectada por Alzheimer y detectó la falta de espacios de diálogo y acompañamiento. Con el apoyo de la Intendencia de Salto, el grupo comenzó a funcionar en la sede de Zorrilla 93. Desde entonces, reúne a voluntarios y familiares con un objetivo común: romper el tabú en torno a la enfermedad y ofrecer un espacio de ayuda mutua.

“Todos los que integramos el grupo tenemos un familiar con Alzheimer, o lo tuvimos. Yo no, pero me acerqué porque trabajé muchos años en la salud y entendí la importancia de aportar desde mi experiencia”, explicó Mónica Dornelles, integrante del colectivo.

Una enfermedad que no distingue edades

Aunque suele asociarse a personas mayores de 65 años, el Alzheimer también puede presentarse en personas jóvenes. La característica central es la acumulación de placas amiloides en el cerebro, que destruyen progresivamente las neuronas y afectan la memoria, el comportamiento y la autonomía. Dornelles recordó que en el mundo ya se proyecta que para 2030 habrá 82 millones de personas diagnosticadas. “Estamos muy cerca de esa realidad”, subrayó.

La prevención y el estilo de vida saludable

El grupo hace énfasis en la importancia de adoptar hábitos que ayuden a retrasar la aparición de la enfermedad. Una dieta equilibrada, rica en frutas y verduras, el consumo de agua y la práctica de actividad física regular son pilares fundamentales. “Caminar 15 minutos de ida y 15 de vuelta ya es un gran aporte. El corazón es el motor de nuestro cuerpo, y si lo hacemos funcionar, bombea sangre oxigenada al cerebro. Eso ayuda a mantenerlo activo”, señaló Dornelles durante la entrevista.

El impacto en las familias y el rol del cuidador

Más allá del paciente, el Alzheimer afecta profundamente a su entorno. La carga emocional, física y económica suele recaer sobre los cuidadores, quienes muchas veces enfrentan el desgaste en soledad. “Yo cuidé a tres familiares con Alzheimer durante 20 años. Es muy demandante y agotador. Se necesita paciencia infinita, cariño y el compromiso de toda la familia”, relató Karina Cuña Castro, otra integrante del grupo. El cuidado constante, la pérdida progresiva de autonomía del paciente y los costos asociados a la asistencia generan un escenario complejo. “Si la responsabilidad recae solo en una persona, ese cuidador termina enfermo. Por eso también hay que cuidar al cuidador”, enfatizó.

Señales tempranas y diagnóstico precoz

Entre los primeros indicios de la enfermedad, las entrevistadas mencionaron conductas inusuales como guardar objetos en lugares inadecuados (por ejemplo, dejar llaves en la heladera), el abandono del aseo personal o la pérdida de interés por actividades que antes resultaban placenteras. Detectar estas señales y consultar a un especialista lo antes posible es clave. “Un diagnóstico precoz siempre será lo más acertado: ayuda al paciente, a la familia y a todo el entorno”, explicó Dornelles.

Estrategias para una vida más llevadera

El acompañamiento cotidiano requiere creatividad y sensibilidad. Mantener rutinas, no cambiar la disposición de los muebles, utilizar cartelitos con colores para orientar dentro de la casa, estimular la memoria con música y fotografías, y brindar espacios de autonomía en etapas tempranas son algunas de las estrategias recomendadas. “Escuchar música puede traer recuerdos y generar momentos de conexión. Hay pacientes que, al escuchar melodías de su juventud, reaccionan de manera sorprendente”, recordó Cuña Castro.

Una enfermedad larga y costosa

El Alzheimer no tiene cura y su avance es inevitable, aunque puede retrasarse con medicación y estimulación cognitiva. La duración de la enfermedad es prolongada, lo que la convierte en un proceso costoso y emocionalmente desgastante. “Es duro, pero no queda otra: hay que tener paciencia y tratarlos con cariño. Son seres humanos con derechos, y debemos darles la misma atención y respeto que ellos nos dieron cuando éramos niños”, destacó Dornelles.

El llamado del Grupo Alzheimer Salto

El grupo no atiende directamente a pacientes, pero sí brinda apoyo y contención a familiares y cuidadores, quienes son los que más sufren las consecuencias indirectas de la enfermedad. Se reúnen semanalmente en Zorrilla 93: los lunes de 13 a 15 horas y los miércoles de 10 a 12 (en verano de 9 a 12). Además, mantienen presencia en redes sociales como Grupo Alzheimer Salto en Facebook e Instagram, donde comparten información y experiencias. La consigna mundial de este año es clara: “Preguntemos sobre el Alzheimer, preguntemos sobre las demencias”. Informarse, hablar del tema y derribar el tabú es el primer paso para enfrentar el desafío.

Políticas públicas pendientes

Durante la entrevista, las integrantes también señalaron la importancia de reactivar programas estatales que quedaron inconclusos, como la política de cuidadores y el carnet del adulto mayor, que en su momento permitía un seguimiento integral de la salud de las personas mayores.

“Estas son políticas de Estado que no deberían cortarse. Un buen sistema de seguimiento permite detectar a tiempo muchas enfermedades, entre ellas el Alzheimer”, recordó Dornelles.

Mensaje alentador

El Alzheimer no solo pone a prueba la memoria de quienes lo padecen, sino también la capacidad de empatía y resiliencia de sus familias y de la sociedad en general. “Mi mensaje es claro, al adulto mayor no hay que abandonarlo, aunque esté enfermo. Yo daría lo que fuera por tener cinco minutos de conversación con mi madre y mis tías sin Alzheimer”, expresó emocionada Cunha Castro. Dornelles, por su parte, cerró con una reflexión esperanzadora: “Con paciencia, cariño e información, la enfermedad puede ser más llevadera. Lo importante es no estar solos: buscamos que los cuidadores y familiares sepan que siempre hay alguien dispuesto a escuchar y acompañar”.

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