Carta del lector /
Robos céntricos
Señor Director de La Prensa. Por medio de la presente, me dirijo a usted solicitándole que publique las siguientes líneas, con un profundo sentimiento de indignación y hartazgo ante la ola de robos que azota implacablemente nuestra zona céntrica. Ya no se trata únicamente de la inseguridad a la que lamentablemente nos vamos acostumbrando; hablamos de una modalidad tan descarada como destructiva: el robo tipo "rastrillo" de aldabas y llamadores de bronce históricos y tradicionales de nuestras puertas.
ROBAN LLAMADORES
Durante las madrugadas, estos amantes de lo ajeno recorren las calles céntricas armados, presuntamente, con algún tipo de palanca, arrancando de raíz piezas de bronce centenarias, dañando patrimonios y el esfuerzo de vecinos que con orgullo mantenemos la estética de nuestras entradas. Lo verdaderamente grave y alarmante no es solo el accionar de estos malvivientes, sino la absoluta inoperancia del sistema de vigilancia que supuestamente nos protege. Vivimos en una zona densamente vigilada, repleta de cámaras de seguridad que, en teoría, son monitoreadas en tiempo real por personal policial. ¿Cómo se explica entonces que, en la soledad de la noche, personas con notoria apariencia delictiva realicen maniobras violentas e imposibles de disimular a la vista de todos, sin que nadie encienda las alarmas? ¿Cómo es posible que procedan a estos robos vandálicos sin que la policía acuda de inmediato a detenerlos, tal como lo mandata claramente el artículo 470 de la LUC?
¿QUIENES CONTROLAN?
Aquí es donde surgen los interrogantes inevitables que exigen respuestas urgentes de las autoridades: ¿Quiénes controlan realmente los monitores? ¿Quiénes controlan a los controladores? ¿Para qué se destinan y gastan cuantiosos recursos materiales y humanos si los malvivientes se burlan impunemente de esta vigilancia, operando a sus anchas y robando en todas las puertas que se les ocurre? La desidia y la falta de respuesta operativa nos dejan en un estado de indefensión total. Las cámaras parecen estar de adorno o de espectadores mudos de una ciudad que se desarma puerta a puerta, mientras los ciudadanos de bien quedamos rehenes de la desidia institucional. Exigimos respuestas claras, mayor compromiso de las fuerzas de seguridad y que los recursos públicos cumplan de una vez por todas con su fin principal: prevenir el delito y cuidar a los vecinos que sostenemos esta ciudad con nuestro esfuerzo diario. Un vecino preocupado