Coalición, tensiones y gobernabilidad /
La postura de De Brum frente a la crisis política en Salto
La reciente controversia dentro de la coalición republicana en Salto dejó en evidencia tensiones que, si bien no son nuevas en los procesos políticos, adquieren especial relevancia en contextos de gobierno reciente. En este escenario, el diputado Horacio de Brum en una entrevista en el Streaming de Diario La Prensa ofreció una mirada que combina prudencia, autocrítica y firmeza institucional.
Lejos de alimentar la confrontación, De Brum optó por reconocer la legitimidad de las decisiones individuales, pero marcó con claridad los límites, las diferencias no pueden poner en riesgo una herramienta política que fue respaldada por miles de ciudadanos. Su intervención se posiciona como un intento de contener la crisis y evitar que derive en una fragmentación mayor.
La coalición como herramienta en construcción
El legislador insistió en que la coalición republicana debe entenderse como un proceso en evolución. A diferencia de otras experiencias políticas más consolidadas, este espacio aún está en etapa de aprendizaje, lo que implica inevitables desajustes. En ese sentido, consideró natural que existan críticas y discrepancias. Sin embargo, subrayó que el desafío no es eliminarlas, sino canalizarlas de forma constructiva. Para De Brum, la madurez política se mide en la capacidad de sostener proyectos colectivos aun en medio de desacuerdos.
El peso del mandato ciudadano
Uno de los ejes más fuertes de su discurso fue la idea de responsabilidad política frente al electorado. Recordó que cerca de 50.000 salteños votaron por un cambio en la conducción del departamento, confiando en la coalición como instrumento de transformación. Ese respaldo, según el diputado, no puede ser ignorado ni relativizado por disputas internas. Por el contrario, obliga a los actores políticos a actuar con mayor responsabilidad, priorizando el cumplimiento de ese mandato por encima de intereses sectoriales o personales.
Primero Salto, una jerarquía de prioridades
De Brum recuperó una lógica clásica de la política, adaptándola al plano departamental, primero el territorio, luego el partido y finalmente las aspiraciones individuales. Esta formulación no solo ordena prioridades, sino que también funciona como una crítica implícita a quienes alteran ese orden. En un contexto donde las tensiones internas pueden escalar rápidamente, esta visión apunta a reencauzar el debate hacia objetivos comunes. La gobernabilidad, en este marco, aparece como un bien a proteger.
Un gobierno en etapa inicial
El diputado también llamó a contextualizar el momento político. A apenas ocho meses de iniciado el gobierno departamental, sostuvo que aún es prematuro emitir juicios definitivos sobre su desempeño. Además, señaló limitaciones concretas, como la demora en la implementación del nuevo presupuesto. Este factor condiciona la capacidad de gestión y refuerza la idea de que el proceso de gobierno todavía está en fase de consolidación.
Reconstrucción tras gestiones anteriores
Otro punto relevante fue su caracterización del punto de partida. De Brum describió al departamento como un territorio que requiere reconstrucción luego de administraciones que, a su entender, dejaron problemas estructurales importantes. Este diagnóstico no solo justifica la necesidad de tiempo, sino que también refuerza la importancia de la coordinación política. En contextos de crisis o deterioro, las divisiones internas pueden agravar aún más la situación.
La desconexión entre la política y la ciudadanía
Uno de los aspectos más críticos de su intervención fue la advertencia sobre la brecha entre la agenda política y las preocupaciones reales de la población. Según el diputado, la mayoría de los ciudadanos no está pendiente de disputas internas, sino de problemas concretos. Mencionó situaciones como la dificultad para llegar a fin de mes, la precariedad laboral y las condiciones de vida en asentamientos. Estas realidades, sostuvo, deberían ser el centro de la acción política.
Resultados por encima de discursos
De Brum planteó que la política debe medirse por resultados tangibles y no por declaraciones o posicionamientos mediáticos. Mejoras en infraestructura, acceso a servicios, empleo y vivienda son, en su visión, los verdaderos indicadores de gestión. Esta perspectiva implica un llamado a abandonar debates estériles y enfocarse en políticas públicas que impacten directamente en la calidad de vida de la población.
El valor del diálogo y la construcción
Frente al riesgo de fragmentación, el diputado reafirmó su decisión de permanecer dentro de la coalición y trabajar desde una lógica de construcción. Rechazó las rupturas como estrategia política, argumentando que generan más problemas de los que resuelven. Su enfoque privilegia el diálogo, la negociación y la búsqueda de acuerdos, incluso en contextos de complicados. Esta postura apunta a sostener la estabilidad política como condición necesaria para avanzar en la gestión.
Recuperar la esperanza como desafío político
De Brum introdujo un concepto a la esperanza, según su análisis, uno de los mayores desafíos que enfrenta Salto no es solo económico o institucional, sino también emocional y simbólico. La pérdida de confianza en la política y en el futuro limita las posibilidades de desarrollo. Por eso, considera fundamental que los dirigentes transmitan certezas y perspectivas, evitando caer en conflictos que profundicen el desencanto.
Una advertencia hacia el sistema político
En definitiva, la postura del diputado puede leerse como una advertencia hacia el conjunto del sistema político. Las disputas internas, si no se manejan con responsabilidad, pueden erosionar la legitimidad de los proyectos colectivos.