La Prensa Hacemos periodismo desde 1888

Buenos días a todos. Agradezco su presencia hoy aquí. Mantener esta costumbre en estas fechas, dedicando nuestro tiempo y atención, es un acto que asegura la continuidad de un legado fundamental. Aunque por mi juventud no conocí personalmente a Don Ramón Vinci, su figura sigue muy viva gracias a las enseñanzas y relatos de quienes sí lo compartieron con él. A quienes lo conocieron, venir al Cementerio Central les trae profundos recuerdos; por eso les agradezco enormemente estar presentes.

En estos homenajes se suele hablar mucho de los cargos públicos que ocupó. Es justo recordarlos, porque su gestión dejó una huella material imborrable en Salto, como la creación de los ómnibus municipales y las Termas del Daymán. Sin embargo, los cargos son temporales. Lo que realmente trasciende es la persona y el respeto que supo cosechar, un valor intangible que no se compra.

En 2021, al nombrarse un tramo de la avenida Apolón en su honor, su nieto Patricio dijo una frase que me marcó profundamente: "Estoy orgulloso de los cargos que ocupó mi abuelo, pero más orgulloso todavía estoy de los cargos que no ocupó".

Todos sabemos a qué se refería. Don Ramón, con la sabiduría de quien conocía las consecuencias de las tiranías del pasado, supo rechazar los ofrecimientos del poder autoritario. Comprendió que la vida y la decencia son más largas que cualquier dictadura, y que la historia siempre pone a cada uno en su lugar. Su ejemplo nos enseña que jamás debemos ceder ante la conveniencia ni vender nuestros principios.

Más allá de sus grandes obras institucionales, en el corazón de Don Ramón existía un propósito todavía más noble: lograr que el tránsito de las personas por este departamento —a menudo difícil— fuera lo más llevadero posible, permitiendo que en cada salteño resplandezca siempre la esperanza, la dignidad y la felicidad.

Muchas gracias.

Ranking
Recibirás en tu correo electrónico las noticias más destacadas de cada día.

Podría Interesarte