Dolor, espera e indignación /
Familia reclama justicia desde el Barrio Ceibal
La muerte de Ramón Proenza dejó una herida abierta en Barrio Ceibal. Tenía 57 años, era carpintero de profesión y, según quienes lo conocían, un hombre enfermo, pero de fe, de diálogo y de vida tranquila. Su historia terminó de la peor manera: tras un mes de agonía en el CTI del Hospital Regional Salto, luego de haber sido brutalmente agredido frente a su propia vivienda cuando intentó reclamar por un robo.
El caso, que en un inicio se manejó como un incidente confuso, hoy es investigado como homicidio. Sin embargo, para su familia, el paso del tiempo sin definiciones concretas se vuelve cada vez más insoportable. Brahian Proenza, hijo de la víctima y vocero del núcleo familiar, expresó que ahora, con asistencia legal, exigen que la Policía y la Justicia actúen con mayor celeridad para identificar y responsabilizar a quien o quienes provocaron la muerte de su ser querido.
La familia sostiene que existen registros de cámaras de seguridad que habrían captado el hecho y permitirían reconocer a los integrantes de la barra involucrada, así como a quien o quienes le golpearon, lo que derivó en el desenlace fatal. A pesar de ello, denuncian que las actuaciones avanzan con una lentitud que resulta difícil de comprender y más aún de aceptar en medio del duelo.
El dolor por la pérdida se mezcla con una creciente sensación de impotencia. No solo enfrentan la ausencia de un padre y sostén familiar, sino también la angustia de ver, según relatan, a algunos de los presuntos responsables moverse con aparente normalidad en el barrio. Esa imagen alimenta la percepción de impunidad y profundiza la indignación.
Si bien es sabido que los procesos judiciales requieren tiempos, más aún cuando cambia la carátula del caso tras el fallecimiento de la víctima, la familia insiste en que la respuesta institucional debe estar a la altura de la gravedad de los hechos. Reclaman señales claras de avance, no solo por ellos, sino también por una comunidad que aún no logra asimilar lo ocurrido. En Barrio Ceibal, el silencio pesa. Y en ese silencio, una familia espera justicia.