El naranjo que aún resiste /
Un recuerdo vivo del Salto citrícola
Hablar de Salto es hablar de naranjas. Durante décadas, nuestra ciudad fue reconocida como la capital del citrus, una tierra donde la producción de naranjas y mandarinas dio trabajo a miles de familias y marcó la identidad de toda una región. Con el paso de los años siempre se escuchó la misma historia: que en Salto había calles donde los naranjos ocupaban las veredas en lugar de los árboles tradicionales que brindan sombra. Sin embargo, muchos crecimos escuchando ese comentario sin llegar a ver una cuadra entera con naranjos plantados sobre la acera.
Lo que sí quedó en la memoria de muchos salteños fue aquel inconfundible perfume de los azahares. En primavera, al ingresar a la ciudad, el aire tenía un aroma especial que anunciaba que uno estaba llegando a la tierra del citrus. Era un sello de identidad que hoy casi no se percibe. Pero todavía existen pequeños recuerdos vivos de aquella época.
En calle 19 de Abril, entre Viana y Arregui, un naranjo sigue firme en la vereda, como un silencioso testigo del paso del tiempo. Su copa es amplia y frondosa, de un verde intenso, y entre sus ramas cuelgan decenas de naranjas maduras que resaltan con su color anaranjado bajo el cielo azul del invierno. Rodeado de árboles sin hojas, este naranjo parece desafiar las estaciones y recordar la riqueza citrícola que hizo famosa a Salto. No es una gran plantación ni una avenida completa de naranjos. Es apenas un árbol. Pero a veces un solo árbol alcanza para despertar recuerdos, contar una historia y mantener viva una parte de la identidad de una ciudad.
Quizás ese naranjo no solo esté mirando pasar el tiempo. Tal vez también esté esperando que las nuevas generaciones conozcan por qué, durante tantos años, Salto fue sinónimo de naranjas y del inolvidable aroma de los azahares.