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La salud mental ha dejado de ser un tema invisible en Uruguay. En un país que arrastra históricamente altas tasas de suicidio y donde cada vez más personas reconocen la importancia de generar espacios de contención, la Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ) de Salto impulsa por quinto año consecutivo el programa Eleva.

Se trata de una propuesta innovadora que combina talleres, dinámicas grupales, metodologías horizontales y el acompañamiento entre pares. El objetivo, derribar estigmas, colectivizar el sufrimiento y crear redes de apoyo comunitario. En una entrevista en el Streaming de Diario La Prensa, el director ejecutivo de la ACJ de Salto, Carlos Calisto, junto a las jóvenes facilitadoras Yaquira Da Costa y Damaris Suárez, subrayaron la importancia de abrir espacios de diálogo donde la empatía y el acompañamiento superen el mero concepto de ayuda. En la misma línea, referentes del grupo de adultos María Soria, trabajadora social, Teresita Pintos, profesora y socioterapeuta, y Katherine Ramos, facilitadora destacaron la riqueza de las experiencias compartidas en los talleres.

Un proyecto con raíces regionales

Eleva nació en el marco de la Alianza Latinoamericana y Caribeña de la ACJ (LACA), que en 2019 seleccionó a cinco países para realizar un primer piloto en salud mental. Uruguay, a través de la sede de Salto, fue parte de esa experiencia pionera. “Fue un privilegio enorme para una ACJ pequeña como la nuestra”, recuerda Calisto. Desde entonces, la iniciativa se consolidó y hoy cuenta con el apoyo financiero de Delta Airlines, que aporta recursos para materiales, promoción y viáticos. Actualmente participan nueve sedes en América Latina, incluidas Montevideo y San José en Uruguay. El formato estándar consiste en talleres de tres encuentros semanales, durante tres meses, sumando unas 180 horas de trabajo.

Una metodología entre pares

Uno de los elementos distintivos de Eleva es su metodología horizontal. Los jóvenes trabajan con jóvenes, y los adultos con adultos, lo que genera un clima de confianza y cercanía. “Lo importante es que no nos vean como maestros ni profesionales, sino como compañeros que comparten un espacio”, explicó Yaquira Da Costa. Para ella, lo valioso del programa es que “se crea un vínculo terapéutico, un lugar seguro donde compartir experiencias sin sentir juicios”. Damaris “Siempre decimos que no estamos para ayudar sino para acompañar. Ese acompañamiento puede salvar vidas. A veces una persona no busca soluciones inmediatas, sino sentirse escuchada y comprendida”.

Adultos como protagonistas del proceso

Si bien el grupo juvenil reúne a participantes de entre 15 y 29 años, en el de adultos no hay límite de edad. Según Teresita Pintos, la heterogeneidad enriquece la experiencia: “Hemos tenido participantes de más de setenta años, y ha sido muy valioso escuchar cómo enfrentaron duelos, traumas y crisis, y cómo reflexionan sobre si su vida es saludable”. Este intercambio permite que cada persona no solo reciba información, sino que también aporte su historia como herramienta para otros.

La soledad como desafío silencioso

Un tema recurrente en los talleres es la soledad, especialmente entre adultos mayores. Ramos explica que este sentimiento afecta incluso a personas rodeadas de familiares: “Después de jubilarse o perder un trabajo, muchos se preguntan si aún tienen metas. Nosotros no diagnosticamos ni curamos, pero acompañamos y brindamos herramientas prácticas para el día a día”. La clave está en la escucha activa, que devuelve a cada persona la sensación de ser vista y valorada, más allá de una etiqueta clínica.

Redes de apoyo más allá del aula

Los encuentros de Eleva se realizan de martes a jueves en horario nocturno. Pero el impacto trasciende el aula. Los grupos crean redes de apoyo, muchas veces a través de chats de WhatsApp, donde comparten información, se alimentan mutuamente y organizan actividades sociales. “Hace mucho que no me sentía parte de un grupo”, es una frase repetida por los participantes. Ese sentido de pertenencia se refuerza con pequeños gestos: “Si alguien está mal, otro lo invita a venir al curso. A veces terminamos compartiendo pizzas o tortas, celebrando simplemente estar juntos”, relata Pintos. En varios casos, estas redes han derivado en amistades duraderas, proyectos colectivos e incluso emprendimientos laborales.

Temáticas sensibles y enfoques diversos

Los talleres abordan cuestiones complejas: duelo, depresión, suicidio, trastornos psicológicos y autocuidado. El programa cuenta con un manual elaborado por profesionales de la LACA, adaptado al contexto local, e incluye referencias prácticas como números de asistencia o leyes nacionales. Una experiencia clave que marcó a Eleva fue la necesidad de incorporar primeros auxilios psicológicos. En un encuentro internacional, un participante sufrió un ataque de pánico y nadie supo reconocerlo. Desde entonces, el programa enfatiza la importancia de que cualquier persona, más allá de su formación, cuente con herramientas básicas de contención.

Además, el grupo de adultos incorpora perspectivas holísticas: medicina herbal, reiki, yoga, deporte y cambios de alimentación como alternativas complementarias. “No se trata de sustituir la atención médica, sino de sumar opciones para quienes buscan una salud más integral”, explica Ramos.

Aprender de la experiencia

Las coordinadoras coinciden en que Eleva no solo transforma a los participantes, sino también a quienes lo facilitan. Pintos lo resume así: “Cada año tiene su impronta. Escuchamos experiencias que nos modifican la manera de pensar. El grupo nos enseña tanto como nosotros a ellos”.

María Soria recuerda, por ejemplo, las sesiones sobre autismo, “Lo que compartieron los participantes nos dejó en silencio. Aprendimos muchísimo de sus experiencias”. Ese intercambio genera una retroalimentación constante, donde el conocimiento académico y la experiencia de vida se potencian mutuamente.

Una comunidad que trasciende

El impacto de Eleva va más allá del ámbito terapéutico. Este año, la ACJ de Salto incorporó un taller de cosmovisión para reflexionar sobre el contexto global y local, y prepara una charla sobre suicidio, historia, mirada integral y la actualidad hoy en la región y en Uruguay, la misma estará a cargo del Dr. Luis Rodríguez, director de Salud Pública del departamento, que será hoy Jueves 25 hora 19, con entrada libre. La organización también proyecta llevar los talleres a formato virtual vía Zoom, lo que ampliará la participación a quienes no puedan asistir presencialmente.

Para Calisto, el balance es claro: “Eleva no es solo un curso. Es la construcción de una comunidad solidaria donde cada persona se lleva herramientas y, sobre todo, la certeza de que no está sola”.

Reflexión

En tiempos donde la salud mental se posiciona como un desafío prioritario, Eleva se erige como una propuesta transformadora en Salto y en toda la región. No es únicamente un espacio de capacitación, sino un laboratorio humano de acompañamiento y confianza, donde las historias personales se colectivizan y donde lo más valioso es descubrir que compartir el dolor puede ser el primer paso hacia la sanación.

“Parece algo simple, pero acompañar puede salvar vidas”, enfatiza Damaris Suárez. En una sociedad marcada por el individualismo, aprender a escuchar y a colectivizar el sufrimiento es una forma de resistencia y esperanza.

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