Gerardo y Lucio Fiorelli /
De Salto a Ecuador, la fotografía como puente entre generaciones
La fotografía volvió a demostrar que no conoce fronteras. Para el Fraybentino radicado en Salto Gerardo “Tato” Fiorelli, fotógrafo con décadas de trayectoria, y su hijo Lucio, de 18 años, una reciente experiencia en Ecuador significó mucho más que un viaje de trabajo. Fue una oportunidad de enseñar, aprender, compartir en familia y confirmar que el oficio puede convertirse también en un puente entre generaciones.
Invitados por una escuela especializada en fotografía de Guayaquil, ambos participaron de distintas instancias de formación y de un taller desarrollado en la zona de Cuenca, donde combinaron conocimientos sobre fotografía, iluminación y trabajo creativo. La experiencia, contaron en una entrevista en el Streaming de Diario La Prensa, dejó un balance que superó ampliamente las expectativas.
El vínculo con Ecuador había comenzado en febrero de 2025, cuando Gerardo fue invitado por la escuela para brindar un taller sobre fotografía y fotoreportaje de bodas. Aquella primera experiencia derivó posteriormente en una propuesta mayor, incorporarlo formalmente como docente de la institución.
“Es una escuela que no tiene nada improvisado. Es paso por paso, todo perfecto”, destacó Fiorelli al describir la infraestructura y el nivel académico de la institución, que cuenta además con el respaldo de Sony Latinoamérica.
Un taller que se convirtió en intercambio de conocimientos
En la reciente visita, Gerardo y Lucio participaron de un taller en un escenario completamente diferente al habitual. El encuentro tuvo lugar en las cercanías de la laguna de Busa, en la zona montañosa de Cuenca, a unos 3.700 metros de altura.
La distancia geográfica y las diferencias culturales no fueron obstáculos. Por el contrario, se transformaron en elementos enriquecedores para el aprendizaje. La propuesta permitió combinar el estilo de trabajo de los fotógrafos uruguayos con las técnicas y conocimientos de los profesionales y alumnos ecuatorianos.
Uno de los grandes protagonistas fue Lucio, quien se desempeña principalmente como iluminador cuando trabaja junto a su padre y desarrolla además su propia actividad fotográfica durante el día.
Con apenas 18 años, la experiencia representó un desafío importante. “Es algo muy nuevo para mí”, reconoció. Sin embargo, también señaló que el intercambio le permitió aprender de los alumnos y de sus diferentes puntos de vista.
El joven fue incluso puesto a prueba por los responsables de la escuela, que le confiaron tareas de iluminación sin una preparación previa. La experiencia terminó siendo una confirmación de los conocimientos que había adquirido durante sus años de trabajo junto a su padre.
Fotografiar bajo las estrellas
Entre los momentos más destacados del taller estuvo una sesión de retratos y astrofotografía realizada durante la noche. La ausencia de contaminación lumínica permitió observar la Vía Láctea sobre el paisaje montañoso y la laguna.
La escena fue especialmente impactante para los participantes. En determinado momento, una nube atravesó el paisaje detrás de una modelo ubicada sobre un muelle, generando una imagen que, según Gerardo, difícilmente pueda repetirse en otro contexto.
El trabajo se extendió hasta aproximadamente la una de la mañana y permitió a los alumnos experimentar con iluminación artificial, flashes y retratos nocturnos.
La propuesta también generó un intercambio técnico. Mientras los estudiantes estaban acostumbrados a trabajar principalmente con luz continua, Gerardo y Lucio llevaron su experiencia con flashes e iluminación artificial.
La combinación de ambas miradas produjo resultados que sorprendieron incluso a los propios fotógrafos salteños.
La fotografía como una profesión que abre puertas
Para Gerardo uno de los principales aprendizajes de la experiencia fue recuperar una mirada más artística y creativa sobre la fotografía, alejándose por momentos de las exigencias comerciales del trabajo cotidiano.
“Me hizo bajar la pelota a la parte comercial y ver la parte artística y creativa que ellos tenían”, explicó.
El fotógrafo también destacó que varios alumnos, después de probar equipos durante el taller, terminaron acercándose a las tiendas para adquirir cámaras y flashes. La experiencia permitió así no solamente transmitir conocimientos, sino también despertar nuevas inquietudes profesionales.
Para Lucio, el aprendizaje tiene una dimensión todavía mayor. Su acercamiento a la fotografía comenzó dentro del entorno familiar y fue evolucionando de manera natural. Actualmente se desempeña como fotógrafo deportivo y también participa en distintos eventos diurnos.
Su padre sostiene que nunca buscó imponerle una profesión. La intención fue mostrarle un oficio y permitirle decidir por sí mismo si quería continuar.
“La fotografía te abre las puertas a todo el mundo”. La cámara constituye un lenguaje universal capaz de conectar personas, culturas y países.
Una familia que viaja y aprende junta
El viaje a Ecuador también tuvo un componente familiar. Gerardo, Lucía y sus hijos acostumbran viajar juntos siempre que las circunstancias lo permiten. Para el fotógrafo, compartir esas experiencias representa una de las mayores riquezas que puede dejarles a sus hijos. Su filosofía es clara: más que bienes materiales, quiere entregarles experiencias. “No te voy a dejar una casa, no te voy a dejar nada, pero sí te voy a dejar el pasaporte completito de sellos”, relató Gerardo al recordar una conversación con Lucio durante una escala aeroportuaria.
Las experiencias, los viajes y el contacto con otras culturas, sostiene, son recuerdos que permanecen para siempre. La transmisión familiar del oficio continúa además con el menor de los hijos, Vittorio, de 15 años, quien comenzó recientemente a acompañar a su padre en algunos trabajos. Lucio asumió ahora el papel de aprendiz y transmisor: comparte con su hermano los conocimientos que recibió durante sus propios años de formación.
Una invitación a animarse y aprender
La experiencia ecuatoriana tendrá continuidad. Gerardo retomará sus clases online como docente de la escuela y existen nuevos proyectos para desarrollar talleres en otras ciudades del país y eventualmente en Argentina. Mientras tanto, padre e hijo continúan construyendo sus propios caminos dentro de la fotografía.
Gerardo dejó un mensaje para quienes desean iniciarse en este mundo, animarse a comenzar y no tener miedo a equivocarse. “La fotografía es prueba y error. Cuantas más veces te equivocás, más veces vas a aprender”. Y dejó una recomendación, no borrar aquellas fotografías que en un primer momento parecen malas. También ellas forman parte del aprendizaje.