Un día como hoy pero de 1854 /
Ha muerto el General Rivera
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Por Leonardo Vinci
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El general Fructuoso Rivera falleció el 13 de enero de 1854, a las 6:10 de la mañana, en el rancho de Bartolo Silva, a orillas del arroyo Conventos, en el actual departamento de Cerro Largo, a corta distancia de la entonces Villa de Melo. Su muerte puso fin a la vida del primer presidente constitucional del Uruguay, figura central de la historia nacional.
Rivera se encontraba acompañado por el coronel Brígido Silveira, caudillo colorado del departamento de Lavalleja, y por el coronel Manuel de Brun Carabajal, conocido como “Manduca”, también caudillo colorado y segundo jefe de la escolta. Ambos estaban al mando de un destacamento de tropas de línea encargado de su protección.
Triunvirato de Gobierno...
El general se dirigía a Montevideo con la intención de integrar un triunvirato de gobierno que, para entonces, ya había quedado virtualmente disuelto tras el fallecimiento del general Juan Antonio Lavalleja, ocurrido en octubre de 1853, quedando solo Venancio Flores como sobreviviente de los tres designados. Rivera era plenamente consciente de la gravedad de su estado de salud, deteriorado por una tuberculosis pulmonar contraída durante su prisión en la Fortaleza de Santa Cruz, en Río de Janeiro.
El Rancho de Bartolo Silva
Existen distintas versiones sobre las razones que lo llevaron a detenerse en el rancho de Bartolo Silva. Algunos sostienen que buscó alivio en los tratamientos con agua fría, habituales en la campaña oriental; otros afirman que eligió ese lugar por su vínculo afectivo con María del Carmen Silva, hermana del dueño del rancho.
Caja de hojalata llena de alcohol y caña blanca...
Tras certificar el deceso el doctor Navarrete, el coronel Silveira envió de inmediato un chasque a Montevideo para informar al general Venancio Flores y solicitar instrucciones. Mientras tanto, se adoptaron medidas extraordinarias para preservar el cuerpo: se colocó desnudo en una caja de hojalata llena de alcohol y, ante su escasez, de caña blanca; luego, esta fue introducida en un cajón de madera sellado herméticamente.
Escolta de lanceros
El improvisado féretro fue cubierto con tela negra adquirida en Melo y trasladado en carruaje, escoltado por lanceros con luto riguroso. El 17 de enero, en las cercanías del arroyo Mansavillagra, en Florida, la comitiva se cruzó con otra proveniente de Montevideo, integrada por los coroneles Santiago Labandera y Manuel Freire, el doctor Enrique Muñoz y doña Bernardina Fragoso, esposa de Rivera, quien ignoraba aún la muerte de su marido. La confirmación fue inmediata y dramática.
Sepultado junto a Lavalleja
Finalmente, el 19 de enero el cortejo ingresó a Montevideo. El cuerpo fue velado en la iglesia San Agustín de la Unión y luego sepultado en la Catedral Metropolitana, junto a los restos del general Lavalleja. Gracias a las precauciones tomadas, el cadáver llegó en buen estado pese al intenso calor estival. Una antigua leyenda sostiene que algunos soldados guaraníes de la escolta bebieron el alcohol de la caja de hojalata, siguiendo rituales ancestrales destinados a absorber las virtudes del caudillo fallecido, cerrando así con mito y simbolismo el último viaje de Fructuoso Rivera.
(*) Basado en el texto de Jorge Muniz - Vergara, 27 de julio del 2018
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