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El ejercicio del periodismo es, por definición, un acto de servicio público que se sostiene sobre los pilares de la imparcialidad, el respeto y la búsqueda de la verdad. Sin embargo, lo vivido recientemente en el panel de Canal Región, no solo se alejó de estos valores, sino que representó una degradación absoluta de la ética profesional. Lo que presenciamos no fue una entrevista, sino un acto de hostigamiento burdo, donde la figura del invitado, el senador Lema, fue sometida a una interpelación tan soez y carente de decoro que terminó por provocar una profunda vergüenza ajena en cualquier espectador con un mínimo sentido crítico.

JUEZ Y PARTE

Resulta inaceptable que quienes ocupan un lugar frente a cámaras utilicen su posición de poder para enjuiciar, interrumpir y vapulear a un interlocutor, impidiéndole desarrollar cualquier tipo de argumentación. Cuando el periodista se transforma en juez y parte, y cuando el micrófono se convierte en una herramienta de agresión en lugar de un vehículo de información, la profesión muere. Estas panelistas dejaron de lado cualquier pretensión de objetividad para exhibirse, sin pudor alguno, como militantes intolerantes, cumpliendo un papel que, más que periodístico, resultó lamentable y servil hacia una postura oficialista que difícilmente resiste un análisis sensato.

LA RENDICIÓN DE CUENTAS

El eje central del conflicto radicó en la negativa de la Coalición Republicana a acompañar una partida millonaria en la Rendición de Cuentas, supuestamente destinada a combatir la pobreza infantil. La crítica técnica del senador Lema, centrada en la fiscalización de los recursos, fue respondida por la conductora del programa con una ofuscación visceral. Fue evidente que la misma perdió el control, abandonando su rol para atacar al legislador bajo el argumento demagógico de que estaba "ofendiendo a los pobres".

DINERO A CAMBIO DE NADA

Lo alarmante es la liviandad con la que se defiende una medida que carece de contrapartidas esenciales. La propuesta cuestionada implica transferir diez mil pesos mensuales a ciertos sectores sin exigir condiciones mínimas, tales como la escolarización obligatoria de los niños o el cumplimiento de controles sanitarios. ¿Es acaso un avance social regalar dinero a cambio de nada? ¿Dónde queda la responsabilidad estatal de garantizar el desarrollo humano y no solo la asistencia monetaria?

DESNATURALIZACIÓN DE LA TARJETA MIDES

Más preocupante aún es la flexibilización en el uso de la tarjeta MIDES, que permitiría adquirir prácticamente cualquier producto, desdibujando su fin original, que siempre fue garantizar la alimentación y la higiene básica de los menores. Los temores expresados por la Coalición, respecto a que esos fondos terminen siendo desviados hacia fines ajenos a las necesidades reales de la infancia, son legítimos y merecen un debate serio, no un griterío televisado.

NO ES PERIODISMO

En conclusión, lo que ocurrió en Canal Región es un síntoma de una enfermedad mayor: la pérdida de la capacidad crítica en los medios de comunicación. Cuando las panelistas prefieren la diatriba ideológica sobre el cuestionamiento inteligente, se le falta el respeto a la audiencia y se degrada la democracia. La ciudadanía merece periodistas que interpelen con rigor, que exijan transparencia y que no se escondan tras una pantalla para realizar una defensa dogmática de medidas que, lejos de solucionar la pobreza, parecen perpetuarla bajo una máscara de falsa bondad. Lo visto en pantalla no es periodismo; es, sencillamente, una farsa que avergüenza a la profesión.

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