La extraordinaria aventura de una salteña en África. (II)
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Por Leonardo Vinci
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joselopez99@adinet.com.uy
Nos sigue contando Sarita Ardaix su vida en Nigeria: Otra cosa muy llamativa en los lugares de África que visité tiene que ver con la salud. Las prácticas de medicina tradicional están muy desarrolladas. La medicina como nosotros la conocemos, con el consumo de medicamentos, es prácticamente inaccesible. Entonces recurren al naturismo de los “médicos autóctonos” y usan un enorme repertorio de hierbas, yuyos y preparados para tratar las dolencias.
Hay algo que solo vi en Akure y es que curan las fracturas de huesos con hierbas. No conocen el yeso. Son tan reconocidos estos “médicos” que incluso vienen de otras tribus a atenderse con ellos.
Los Yoruba son una tribu de 8 millones
En Nigeria hay más de 169 etnias diferentes. Muchos países africanos fueron una construcción europea. La tribu con la que yo estuve, no habitan solo en Nigeria ya que una parte vive en el territorio de Ghana. En los 100 millones de nigerianos, los Yorubas son una tribu importante compuesta de unos 8 millones. Toda esta gente tiene un sentido de pertenencia para con su etnia antes que con el país.
Hablan inglés-nigeriano
Si bien es cierto que el idioma oficial es el inglés, ellos lo han deformado, así como en estos lares el lunfardo deformó el idioma castellano. Tienen esa forma tan especial de hablar el inglés que inclusive en los centros internacionales es necesario contar con un traductor que conozca el dialecto inglés-nigeriano.
Yo arribé a este país y conocí Lagos, su capital, una enorme ciudad donde conviven la parte más moderna, muy occidentalizada y barrios enteros que ocupan kilómetros y vienen a ser algo así como las favelas brasileñas. Son zonas muy pobres. Justo llegué a la hora en que los musulmanes detienen sus tareas para arrodillarse hacia La Meca mientras se escuchan las oraciones a través de altoparlantes en la vía pública. Del aeropuerto viajamos en auto a Akure. Demoramos 8 horas en llegar. El camino que transitamos atravesaba la selva y estaba en muy malas condiciones. Yo viajé todo el trayecto aterrada porque en las partes más tortuosas, era frecuente que los que venían en sentido contrario se cambiaran de carril. Era necesario ser un conductor muy avezado para evitar un choque de frente en esas circunstancias. Los caminos que van hacia el interior del país - aún hoy- siguen en muy malas condiciones.
Cuando los ingleses abandonaron Nigeria...
Cuando los ingleses abandonaron Nigeria en 1969 hicieron dos cosas que los nigerianos no olvidaron jamás. Una, fue apagar las centrales eléctricas, dañándolas severamente. Los lugareños quedaron a oscuras y tuvieron que mandar buscar repuestos a Alemania para poder poner en marcha nuevamente las usinas. Y la otra “obra” de los ingleses antes de su partida fue llenar de cemento las cañerías de los desagües, con todos los perjuicios que ello trajo aparejado. Y lo hicieron después de haber extraído durante años riquezas de esas tierras…
Pude recorrer parte de la selva tropical donde algunas empresas multinacionales tiraban abajo arboles de considerable grosor y al no considerarlos aptos para lo fines buscados, los dejaban tirados. Inclusive, no permitían a la gente del lugar acceder a los desechos en sus propios bosques, ya fuere para calentarse o cocinar. Hubo una tremenda depredación del medio ambiente.
El calor del dia es sofocante
Yo permanecí en las afueras de una gran aldea donde las construcciones son de barro y adobe. Entre la parte superior de las paredes y el techo de esas viviendas queda un espacio para que corra el aire ya que el calor del día es sofocante. No hay a lo largo de la jornada un momento en que refresque un poquito o pueda sentirse un alivio como nos pasa en Salto cuando de madrugada refresca.
Nosotros atendíamos un centro juvenil con talleres de oficio y donde funcionaba una escuela. Durante ese tiempo, creció un vínculo muy fuerte con las madres de los niños, ya que convivíamos con ellos prácticamente todo el día. A los nigerianos no les cuesta nada abrir su corazón por lo que me sentí muy querida.
Agua de la botellita
Yo podía tomar agua solamente en la Misión y si iba a otro lado, llevaba una botellita pues no tenía los anticuerpos como para beber en otra parte. Sabía que eso no lo podía hacer. Mi alimentación estaba basada en la mandioca. Con ella se hace un tipo de puré muy denso que se sirve en hojas y se come con la mano. Lo sirven con una especie de salsa preparada con muchos pimientos que es de donde obtienen las vitaminas. Pero yo no podía comer esos pimientos. Ellos al verme intentarlo, se mataban de la risa.
Los llevo en mi corazón
Al nigeriano no le gusta que el hombre blanco, u “oíbo” se vista como ellos. Pero cuando pasas a formar parte de su comunidad, hay dos cosas que marcan el cambio en la relación. Una es que te dan un nombre Yoruba. Yo recibí el mío. Y otra, es que te regalan la vestimenta para que la puedas usar. Eso quiere decir que pasás a formar parte de la comunidad y de una familia que te adopta, aunque tenga 100 integrantes. Las familias son los padres, los hijos, los sobrinos, los hermanos. Inclusive, ellos no tienen una palabra para diferenciar hijos de sobrinos, o hermanos y primos. Por eso, a mí me costaba entender las relaciones entre ellos.
A medida que se acercaba la fecha de mi despedida, afuera de la casita donde yo vivía, pero dentro de los límites de la Misión, los gurises acamparon durante 4 o 5 días. Yo no tuve fuerzas como para salir a su encuentro en esas 4 noches. La emoción no me lo permitía. Ellos cantaban al ritmo de sus tambores. Los salesianos me decían que de esa forma, ellos me estaban acompañando, y eso es algo que todavía llevo en mi corazón.