La importancia de evaluar la planificación territorial /
Aprendizajes de Colombia y España para Uruguay
- Por Dr. Diego Martínez Barbieri, Maestrando Avanzado en Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano
En el debate contemporáneo sobre el futuro de nuestras ciudades y territorios, uno de los aspectos menos visibles pero más determinantes es la evaluación de los planes de ordenamiento territorial. Si planificar significa proyectar el rumbo del desarrollo, evaluar implica asegurarse de que ese rumbo efectivamente se cumpla y se ajuste a las transformaciones sociales, ambientales y económicas que atraviesan el país.
La experiencia internacional ofrece valiosas lecciones. Colombia, a través de su Ley 388 de 1997, ha institucionalizado un sistema de seguimiento, monitoreo y evaluación de los Planes de Ordenamiento Territorial (POT). En Bogotá, el SEGPOT (Sistema de Seguimiento, Monitoreo y Evaluación del POT) se ha consolidado como un instrumento de gobernanza que no solo mide el grado de implementación de las políticas, sino que también promueve la transparencia y la participación ciudadana. Entre sus mecanismos destacan el expediente urbano y una batería de indicadores estadísticos, cartográficos y documentales que permiten ajustar el rumbo de la planificación en tiempo real.
En España, la llamada “nueva planificación territorial estratégica” surgida a fines del siglo XX también ha puesto la lupa en la evaluación, no solo en términos de impacto, sino en los procesos técnicos y sociales que sostienen la planificación. Los enfoques denominados eclécticos, que combinan metodologías cualitativas y cuantitativas, se presentan como los más efectivos: integran diversas miradas, incorporan activamente a los actores sociales y optimizan los resultados de la evaluación como herramienta de toma de decisiones.
Estas experiencias son particularmente relevantes para Uruguay, ya que ofrecen claridad sobre la importancia del seguimiento, el monitoreo y la evaluación de los Planes de Ordenamiento Territorial. El desafío que tenemos es doble: por un lado, garantizar información confiable y oportuna que retroalimente la planificación; por otro, fortalecer la participación ciudadana para que el ordenamiento territorial no sea un ejercicio técnico aislado, sino una construcción democrática y colectiva.
En un contexto marcado por la presión sobre los recursos naturales, la expansión urbana y las desigualdades territoriales, contar con mecanismos de evaluación sólidos es una condición necesaria para asegurar un desarrollo verdaderamente sostenible. Uruguay tiene la oportunidad de nutrirse de estas experiencias internacionales, adaptarlas y avanzar hacia una gobernanza territorial más transparente, eficiente y participativa.