La Luna y sus señales /
Del brillo reciente a los días de cambio
La Luna siempre marca un ritmo silencioso que muchos siguen mirando de reojo. No solo cambia en el cielo: también influye en el ánimo, en el campo y hasta en las decisiones más simples del día a día. Venimos de una luna llena, ese momento en que el cielo se ilumina por completo y todo parece más claro. La última dejó una postal difícil de olvidar: redonda, brillante, imponente. En el barrio Artigas, una imagen captada desde una cámara logró reflejar esa presencia perfecta, casi como si la noche se hubiera detenido unos segundos para dejarse mirar. Fue una de esas lunas que invitan a salir, a levantar la vista y a quedarse un rato en silencio.
Después de ese punto máximo, la Luna entró en su fase menguante. En estos días, la vemos achicarse de a poco, perdiendo luz noche tras noche. Su color suele volverse más suave, menos intenso, y su energía, según muchos, es de cierre y limpieza. Es un buen momento para terminar tareas, ordenar, soltar lo que ya no sirve y bajar un poco el ritmo.
Para quienes trabajan la tierra, esta fase es recomendable para podar, limpiar y preparar el suelo. No es la mejor para sembrar cultivos que crecen hacia arriba, pero sí para cuidar lo ya plantado. En la pesca, suele ser un período más tranquilo, con menor movimiento, ideal para quienes buscan jornadas más relajadas.
Lo que viene es la luna nueva, cuando prácticamente desaparece del cielo. Es oscura, discreta, casi invisible. Pero lejos de ser un vacío, representa un comienzo. Es tiempo de iniciar, de proyectar, de pensar en lo que se quiere construir. Su energía está asociada a lo nuevo, a lo que todavía no se ve pero empieza a tomar forma.
En el campo, la luna nueva es buena para sembrar ciertos cultivos, sobre todo aquellos que crecen bajo tierra. En la pesca, puede traer mejores resultados, ya que el movimiento de las aguas cambia y activa más a los peces.
Así, entre una fase y otra, la Luna sigue marcando ciclos. Nos recuerda que todo tiene su tiempo: crecer, brillar, soltar y volver a empezar. Solo hay que mirar un poco hacia arriba para entenderlo.