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La naturaleza fue generosa con los salteños.
A principios de los años cuarenta, mientras se buscaban hidrocarburos por medio de una perforación en el norte del departamento, los obreros creyeron que habían aflorado petróleo, pero en realidad, lo que habían encontrado era agua termal.
Tuvieron que pasar años para que el predio pasara a manos de la intendencia.
Con el correr del tiempo, el hallazgo convirtió el lugar en el principal centro turístico termal del Uruguay.
Corrían los sesenta cuando durante las administraciones coloradas comenzó su desarrollo al abrirse el camino de acceso a Arapey, y construirse la piscina deportiva, la primera piscina cerrada, cabañas, bungalows, llevando grupos electrógenos propios para el suministro de energía, etc.

La Empresa ONDA, recorría los polvorientos caminos con sus “centellas de plata”, uniendo la capital con las Termas en desarrollo, obteniendo la autorización del gobierno departamental para construir su propio complejo turístico. Fue la primera inversión privada autorizada por unanimidad en la Junta Departamental, donde todos los partidos políticos representados dieron su conformidad.
Recuperada la democracia- también durante gobiernos colorados- se inauguraron dos formidables complejos cinco estrellas.

Primero fue el Dr Batlle acompañado por el Intendente Malaquina quienes asistieron a la inauguración del “Hotel Barceló”, luego (Arapey Termal Resort). Años más tarde, el Intendente Coutinho cortó la cinta de “Altos de Arapey”.

A fines del siglo pasado, en Entre Ríos se dudaba de la existencia de aguas termales en su territorio. Bastó que aflorara el agua caliente en la ciudad de Federación para que todo cambiara. Varias ciudades explotan dichas perforaciones en la actualidad. Las ventajas que tenían las Termas uruguayas, terminó.

Por distintas razones, hemos presenciado dolorosamente que se fue revirtiendo la corriente argentina de visitantes.
En los últimos tiempos, los salteños comenzaron a visitar las Termas argentinas, y no sólo debido a la diferencia cambiaria, lo que sin duda ha sido un factor determinante.

Todo el centro termal de Arapey debería convertirse en cinco estrellas, y para ello, la Intendencia debe retirarse en aras del auténtico desarrollo que necesitamos. La comuna salteña no debe frenar el desarrollo de Arapey.
Está claro que la Administración departamental no está en condiciones de invertir en Termas, ni lo estará por muchos años. Tardíamente ha reaccionado al proponerse buscar inversores privados que se hagan cargo del Hotel y construyan un Parque Acuático. Es evidente que se ha cumplido un ciclo tras haber hecho todo lo que correspondía, pero llegó la hora de irse y permitir que Arapey sea una ciudad turística.

Hay que buscar distintas fórmulas para explotar la riqueza que la naturaleza nos ha dado.
Debemos atraer a los centenares de argentinos que buscan radicarse en Uruguay. Hay que ir a buscar a los nuevos residentes e invitarlos a que compren lotes en Arapey, edifiquen sus chalets y vengan a disfrutar de una pequeña ciudad modelo.

Tenemos que encontrar inversores que se hagan cargo de bungalows y moteles, y los conviertan en lujosos alojamientos, asegurándonos de esa manera la ocupación permanente de Arapey.

Habrá que actualizar el plan director y aprobar las normas necesarias para desarrollo futuro, imaginando el crecimiento que tendrá la economía del Departamento (y las exhaustas arcas municipales) con la llegada de nuevos residentes que coadyuvarán al progreso de Salto.

La enseñanza de la historia es que sin inversión, no hay trabajo. Y sin trabajo, solo queda la pobreza

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