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Productores ovinos vuelven a sufrir cuantiosas pérdidas por ataques de jaurías, mientras la falta de controles y la irresponsabilidad de algunos propietarios agravan un problema que nadie parece dispuesto a resolver. La situación se repite una y otra vez. Esta vez los damnificados son  dos productores jóvenes que iniciaron con mucha ilusión, trabajo e inversión la cría de ganado ovino. Entre lunes y jueves de esta semana que finaliza hoy, vieron su majada diezmada , con carnero y ovejas muertas o heridos de gravedad, viéndose enfrentados a pérdidas económicas difíciles de recuperar. Detrás de estos ataques aparece un enemigo conocido: las jaurías de perros salvajes, abandonados que, una vez acostumbrados a cazar, se convierten en una verdadera amenaza para la producción ovina.

Lo más grave es que gran parte de estos animales tuvieron alguna vez dueño. Fueron abandonados en caminos rurales, establecimientos o zonas suburbanas y terminaron formando grupos que actúan con un comportamiento depredador. Cuando descubren la facilidad de atacar una majada indefensa, el daño suele ser devastador.

Cada oveja muerta representa mucho más que un número en una estadística

 Detrás de cada animal existe una inversión, un esfuerzo económico y una apuesta productiva realizada por familias que viven y trabajan en el medio rural. Son productores que destinan recursos para mejorar genética, aumentar su stock y sostener una actividad que históricamente ha sido una de las bases de la economía agropecuaria nacional.

En cuestión de minutos una jauría puede destruir el trabajo de años

A menudo los ataques no solo provocan la muerte de animales. Muchas ovejas sobreviven con heridas severas que obligan a sacrificarlas posteriormente, mientras otras quedan inutilizadas para la reproducción o pierden valor productivo. Las pérdidas son múltiples y, en la mayoría de los casos, nadie responde por ellas.

La indignación de los productores tiene fundamentos sólidos

Mientras existen exigencias sanitarias, tributarias y administrativas para quienes producen, cuando ocurren estos ataques las soluciones suelen ser escasas y las responsabilidades difíciles de determinar. El productor termina asumiendo en soledad las consecuencias económicas de un problema que tiene un fuerte componente social y de gestión pública.

Resulta evidente que se necesitan medidas más efectivas

La tenencia irresponsable de perros no puede seguir siendo tolerada. El abandono de animales debe ser sancionado con firmeza, al igual que la falta de control sobre mascotas que terminan vagando libremente por zonas rurales. Asimismo, es imprescindible fortalecer los mecanismos de identificación, fiscalización y control para evitar que nuevas jaurías continúen expandiéndose.

El problema ya no puede ser minimizado ni tratado como un hecho aislado

Los ataques a majadas afectan directamente la rentabilidad de los productores, desalientan inversiones y golpean a un sector que enfrenta numerosos desafíos para mantenerse competitivo. Mientras no exista una respuesta clara y contundente, las consecuencias seguirán recayendo sobre quienes trabajan, invierten y producen. Y cada nueva majada atacada será una muestra más de una realidad que el país conoce desde hace años, pero que todavía espera soluciones a la altura del daño que provoca.

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