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Te dejan helados estos números, ¿cada vez más lejos del primer mundo?
Las proyecciones económicas recientes plantean un escenario que invita, como mínimo, a la reflexión. Si Uruguay lograra cerrar 2026 con un PIB per cápita de USD 27.608 en un contexto optimista y los países de la OCDE continúan creciendo a un ritmo promedio del 1,4% anual, el país debería expandirse a una tasa cercana al 7,6% anual durante una década para alcanzar ese estándar. No se trata de una meta menor, implicaría duplicar prácticamente el nivel de ingreso por habitante hasta los USD 57.200 hacia 2036.
La inversión, el gran cuello de botella
Para sostener un crecimiento de esa magnitud, los números indican que sería necesario elevar la Formación Bruta de Capital Fijo a cerca del 30% del PIB. Hoy, sin embargo, Uruguay se ubica por debajo del 16%, lo que evidencia una brecha considerable. A esto se suma un problema de eficiencia, el ICOR indicador que mide cuánta inversión se necesita para generar crecimiento se sitúa entre 6 y 8, cuando lo deseable sería alrededor de 4. En otras palabras, no solo se invierte poco, sino que además se invierte con bajo rendimiento.
Reformas urgentes
El diagnóstico es alcanzar niveles de desarrollo similares a los de economías avanzadas requeriría transformaciones estructurales profundas. No bastan ajustes marginales ni políticas de corto plazo. Se necesitaría mejorar la calidad de la inversión, impulsar la productividad y generar condiciones sostenidas para el crecimiento.
Una brecha que se agranda con el tiempo
La comparación con el ritmo de la última década resulta aún más preocupante. Con un crecimiento promedio de apenas 1,7% anual, Uruguay demoraría hasta el año 2263 en alcanzar los niveles actuales de la OCDE. La cifra no solo impacta, sino que deja en evidencia la magnitud del desafío.
¿Una meta posible o una ilusión lejana?
Aspirar a converger con el “primer mundo” no es solo una cuestión económica, sino también social. Implicaría mejoras sustanciales en la calidad de vida, el acceso a oportunidades y el bienestar general. Sin embargo, los datos actuales plantean ¿estamos avanzando en esa dirección o, por el contrario, cada vez más lejos?