Redefiniendo el vínculo familiar /
Nuevas formas de ser familia en el siglo XXI
El psicólogo y educador sexual Alejandro Pignataro analizó la evolución del concepto de familia y los modelos predominantes en la sociedad actual
Cada 15 de mayo se celebra el Día Internacional de la Familia, una fecha proclamada por la ONU en 1993 con el objetivo de visibilizar la importancia de la familia como unidad fundamental de la sociedad. En ese marco, el psicólogo y educador sexual Alejandro Pignataro participó en una entrevista en La Prensa Streaming, donde compartió una profunda reflexión sobre cómo ha evolucionado el concepto de familia a lo largo del tiempo y qué significa "ser familia" hoy en día.
La familia como sistema dinámico
"Me gusta hablar del ser familia hoy'", comenzó Pignataro, explicando que este concepto incluye tres dimensiones: identidad, pertenencia y transformación. “No es lo mismo ser familia hoy que hace unos años, y tampoco lo será en el futuro”, puntualizó.
Según el psicólogo, los modelos familiares han dejado de encasillarse exclusivamente en estructuras tradicionales para abrir paso a formas más diversas y subjetivas. Esta evolución, explicó, responde a los cambios sociales, culturales y legales que atraviesan a las sociedades modernas.
La definición clásica de familia —un grupo de personas unidas por vínculos de matrimonio, parentesco o convivencia— sigue teniendo vigencia, pero ha quedado corta frente a las realidades actuales. “Si yo considero a mi mascota parte de mi familia, ¿por qué no sería así?”, planteó Pignataro. En este punto, subraya que el vínculo sanguíneo ya no es un requisito excluyente: lo afectivo, lo simbólico y lo electivo tienen un peso tan significativo como lo biológico.
Modelos familiares en Uruguay, diversidad y cambio
Consultado sobre los modelos más comunes de familia en Uruguay hoy, Pignataro identifica dos tipos predominantes: las familias monoparentales y las ensambladas. “Cada vez más hay familias encabezadas por mujeres”, afirmó, señalando un cambio notorio respecto a décadas pasadas, donde este modelo existía pero solía mantenerse oculto o era socialmente cuestionado.
Las familias ensambladas —aquellas conformadas por personas con hijos de relaciones anteriores que deciden formar un nuevo núcleo— también se han vuelto frecuentes. “Es muy común que dos sistemas familiares se unan para formar uno nuevo”, explicó, en un fenómeno que se ha naturalizado en gran parte debido al aumento de divorcios y separaciones.
“Hoy en Uruguay, hay más separaciones que matrimonios”, sostiene Pignataro. Este dato no sólo evidencia una transformación legal y cultural en torno a la institución del matrimonio, sino también una mayor apertura hacia la redefinición de los vínculos afectivos y familiares.
Familia, bienestar emocional y prejuicios
Ante la pregunta sobre cómo estas nuevas dinámicas impactan en el desarrollo emocional de niños y adolescentes, Pignataro es claro: "Depende del fortalecimiento emocional del sistema familiar". En otras palabras, lo que define el bienestar de sus miembros no es la estructura del hogar, sino la calidad del vínculo entre quienes lo integran.
El especialista critica los prejuicios que aún persisten alrededor de las familias de padres separados. “Hoy se sigue escuchando ‘pobrecito, sus padres se separaron’, pero ese niño puede ser más feliz que otro cuyos padres permanecen juntos pero son infelices”, indicó. También menciona cómo esta visión ha generado discriminación y estigmatización en contextos escolares y sociales.
Pignataro enfatizó que el daño emocional ocurre cuando los adultos no manejan adecuadamente las separaciones, convirtiendo a los hijos en mediadores de conflictos de pareja o usándolos para lastimar al otro progenitor. En esos casos, el sistema familiar se vuelve disfuncional y perjudicial para todos sus integrantes.
Salud familiar, comunicación, amor y revisiones internas
Para Pignataro, no existe una fórmula única para una “familia saludable”. Lo importante es cómo se construyen los vínculos dentro de cada sistema. “Lo que está bien o mal es muy subjetivo”, explicó, y agregó que no hay un único modelo ideal. Lo fundamental es que las relaciones se basen en el respeto, el amor y la comunicación.
En ese sentido, destacó el papel de los cambios sociales y legislativos que han permitido visibilizar y legitimar otras formas de familia. Menciona las leyes de matrimonio igualitario, adopción homoparental y la reivindicación del rol femenino como ejemplos de avances que han enriquecido el panorama familiar actual.
“Nos han enseñado que hay que estar juntos hasta que la muerte nos separe, pero a veces estar juntos no es sinónimo de ser felices”, afirmó. Y finalizó: “Los hijos quieren ver a sus padres felices, no necesariamente juntos”.
La importancia de la terapia familiar
Uno de los puntos centrales de la conversación fue la necesidad de desmitificar la terapia como última instancia para solucionar problemas. “No hay que esperar una crisis para acudir a terapia”, insistió Pignataro, quien se especializa en enfoque sistémico familiar.
Explicó que la terapia puede ser individual o grupal y que, incluso cuando solo un integrante del sistema familiar consulta, es posible trabajar sobre las dinámicas que afectan a todo el núcleo. “Todos venimos de un sistema que nos condiciona, y también nosotros lo condicionamos”.
Además, puso énfasis en la importancia de realizar una separación consciente en casos donde la relación de pareja ya no funciona. “Hay que evitar que la separación se convierta en una guerra”. Una separación sana, resaltó que es aquella que no reproduce violencias ni utiliza a los hijos como campo de batalla emocional.
Estrategias para fortalecer vínculos
Al ser consultado por recomendaciones prácticas para mejorar los vínculos familiares, Pignataro no dudó en responder, “Diálogo. Habilitar espacios de comunicación”. La rutina diaria, el estrés y el bombardeo de información suelen desplazar esos momentos necesarios de encuentro entre los miembros de una familia. Para contrarrestar esto, propone instaurar espacios regulares donde se pueda conversar abiertamente sobre cómo se siente cada uno.
Otra alerta que señala es la de no descuidar el vínculo de pareja cuando se tienen hijos. “A veces nos convertimos en 100% padres o madres y nos olvidamos que también somos pareja”. Esta desconexión, advierte, puede llevar al deterioro del vínculo afectivo entre los adultos, incluso cuando la dinámica con los hijos parezca funcionar.
Valentía para mirarnos
Dejó un mensaje claro “Tengamos el coraje de mirarnos a nosotros mismos, revisar cómo estamos, cómo nos sentimos y qué deseamos”. Sugiere que el ejercicio de revisión interna no tiene por qué estar ligado exclusivamente a una instancia terapéutica, aunque reconoce que muchas veces es necesario contar con una mirada externa para ayudar a ordenar pensamientos y emociones. “La salud familiar y emocional también se construyen desde el deseo y el proyecto de vida”.