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El año 2025 dejó una señal y persistente en la realidad socioeconómica de Salto, la morosidad de los hogares no retrocedió. Según la última Ficha Temática Socioterritorial elaborada por el Observatorio Económico de la Universidad Católica del Uruguay – Campus Salto, el 20,6% de las familias salteñas terminó el mes con cuentas impagas, prácticamente el mismo nivel registrado en 2024 (21,0%).

Esta estabilidad, lejos de ser una buena noticia, consolida un patrón estructural. En términos simples, uno de cada cinco hogares en Salto no logra cubrir sus gastos corrientes con los ingresos disponibles. A nivel nacional, la situación es menos crítica y también estable, la morosidad se ubicó en 13,1% en 2025 frente a 14,3% en 2024. La persistencia de esta brecha entre Salto y el promedio nacional confirma que el fenómeno no es coyuntural. Se trata de una fragilidad financiera instalada, con características propias y sostenidas en el tiempo.

El cambio, menos crédito formal disponible

Si bien la morosidad no varió significativamente, el comportamiento del crédito formal sí lo hizo, y de forma drástica. En 2025, apenas el 2,2% de los hogares salteños recurrió a préstamos formales para cubrir sus gastos, una caída abrupta respecto al 5,4% registrado en 2024. La contracción ronda el 60%. A nivel nacional, el acceso al crédito se mantuvo relativamente estable en torno al 4%. Esto implica que Salto pasó de estar levemente por encima del promedio nacional en uso de crédito formal a ubicarse claramente por debajo. Cuando los ingresos no alcanzan, el recurso al crédito formal se redujo significativamente, lo que sugiere una menor cobertura del sistema financiero sobre los sectores más vulnerables.

Una exclusión financiera más profunda

La combinación de morosidad persistente y menor acceso al crédito formal intensifica un fenómeno ya identificado en informes anteriores, la exclusión financiera. Este concepto refiere a hogares que enfrentan déficits mensuales pero no acceden a herramientas formales para gestionarlos. En 2025, esta exclusión no solo se mantuvo, sino que se acentuó. La proporción de hogares con cuentas impagas se mantuvo estable, pero el número de quienes pudieron compensar ese déficit mediante crédito formal cayó de manera significativa. El resultado es un escenario donde más familias quedan expuestas a soluciones informales, postergación de pagos o acumulación de deudas, sin el respaldo de instrumentos financieros regulados.

Evolución trimestral, de la escalada al estancamiento alto

El análisis trimestral permite observar con mayor detalle la dinámica del fenómeno. Durante 2024, la morosidad en Salto tuvo una trayectoria ascendente: comenzó en 14,1% en el primer trimestre y se duplicó en la segunda mitad del año, alcanzando 27,3% en el tercer trimestre y 26,8% en el cuarto. En 2025, el patrón cambió. La morosidad se mantuvo alta pero estable: 21,5% en el primer trimestre, 22,2% en el segundo, 20,7% en el tercero y 17,3% en el cuarto. Este último dato marca una leve mejora, siendo la primera caída significativa luego de seis trimestres consecutivos por encima del 20%. A nivel nacional, en tanto, la estabilidad fue la norma durante ambos años, con cifras cercanas al 14%. La brecha entre Salto y el promedio nacional se amplió en 2025, oscilando entre 4 y 9 puntos porcentuales.

Salto lidera el ranking de morosidad

En 2025, Salto encabezó el ranking nacional de morosidad con 20,6%, seguido por Artigas (19,7%), Río Negro (19,2%) y Soriano (19,1%). Los departamentos con mayores niveles de morosidad se concentran en el litoral norte y parte del este del país. En contraste, departamentos como San José, Tacuarembó, Colonia y Maldonado presentan los niveles más bajos. Este patrón sugiere que factores estructurales regionales como el mercado laboral, la informalidad o el acceso a servicios financieros inciden de manera determinante en la capacidad de los hogares para sostener sus finanzas.

El ratio que sintetiza el problema

Uno de los indicadores es el ratio de exclusión financiera, que relaciona la cantidad de hogares con cuentas impagas con aquellos que acceden a crédito formal. En 2024, este ratio era de 3,9 en Salto, por cada hogar que tomaba crédito, casi cuatro quedaban con deudas impagas. En 2025, el indicador saltó a 9,4. Es decir, por cada hogar que logró acceder a crédito formal, más de nueve no pudieron pagar sus cuentas. Este deterioro no se explica por un aumento de la morosidad que se mantuvo estable sino por la caída del crédito formal. El denominador del indicador se redujo a la mitad, amplificando el problema. A nivel nacional, el ratio se mantuvo en torno a 3,2, lo que evidencia la particularidad del caso salteño.

Un 2025 que confirma tendencias y abre interrogantes

Los datos de 2025 consolidan la morosidad en Salto dejó de ser un fenómeno coyuntural vinculado a un período específico y pasó a constituirse como un nivel base sostenido. A esto se suma una novedad, el sistema de crédito formal alcanza hoy a una proporción significativamente menor de hogares. La combinación de ambos factores profundiza la vulnerabilidad financiera.

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